Ayer le di un beso

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El marido es cabeza para amar, cuidar, ayudar, aportar, etc. No debe ser un energúmeno en el hogar, ¡vamos varón!, dale un beso o miles de besos que sellen y alegren todo su ser

¿Cuántas veces al día besas a tu esposa? ¿Cuántas veces al día le haces enfadar? Alguien en forma de broma haría un chiste de esto. Cuando la Palabra nos habla sobre el vaso más frágil no se equivoca. Esto no quiere decir que las mujeres no sean fuertes y valientes, creemos que está sobrentendido. ¿Cierto varones? “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1ª Pedro 3:7. RVR60).
Unas palabras para todas las mujeres que son hijas de Dios, deben saber que el suegro de su esposo está viendo todo; Dios está enfatizando cómo debe ser tratada la esposa todos los días de su vida. “Ayer le di un beso, sí, miles de besos a mi esposa”, esta acción no debe ser una simple expresión romántica, sino que tiene que ser una constante. Ahora bien, ¿cuál es el objetivo de este artículo? Exhortar a los esposos a que antes de salir de casa y al llegar a esta, den un beso inolvidable a la mujer valiente que está trabajando todo el día; y no tan sólo eso, que cada semana, mes y año la sorprenda con… lo dejó a su corazón y mente creativa.
Estimado, no te comportes como aquel Nabal, esposo de Abigail. Sé el hombre idóneo que la sorprende con ternura, caricias y momentos que sólo ella ha soñado desde su infancia. Acuérdate, marido de hoy: “No haga caso ahora mi señor de ese hombre perverso, de Nabal; porque conforme a su nombre, así es. Él se llama Nabal, y la insensatez está con él; mas yo tu sierva no vi a los jóvenes que tú enviaste” (1 Samuel 25:25. RVR60). Quizás no eres un figurín; pero sí eres su príncipe azul, así tengas una gran barriga, te falta un diente, seguidamente tienes pecueca, roncas como un dragón, vives pensando más en el trabajo que en ella o en otras, etc.; por favor, pide perdón a DIOS; y, por ende, a ella. Cambia de inmediato, no destruyas tu hogar. Vamos, crea momentos continuos de amor y pasión con tu mujer, no seas un tacaño liante que jamás planifica una escapada llena de sorpresas.
Vale destacar lo dicho por el apóstol Pablo a los de Éfeso: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Efesios 5:25. RVR60). La perversidad y la insensatez no deben imperar en el carácter de un esposo fiel. Normalmente, los infieles que creen ser felices, besan otros labios, van como moscas a otros cuerpos; empero, han olvidado que se están pudriendo desde adentro como unas almas pécoras. Entonces, ese hombre que se cree un galán por vivir fardando, termina sus días solo y agonizando, rogando un abrazo y perdón. Así no deberían terminar las historias de hombres casados con mujeres virtuosas. El esposo que vive desconfiando de su esposa fiel pierde su tiempo, y le amarga la vida al bien que halló. Vivir bajo la bendición de DIOS es un deleite continuo, pase lo que pase, siempre habrá ganancias cuando vivimos por fe.
JESUCRISTO nunca pecó. Él se manifestó con amor eterno para salvar a la esposa, su Iglesia (quien debería ser fiel). ¿Internalizamos esta verdad?: “…porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador” (Efesios 5:23. RVR60). El marido es cabeza para amar, cuidar, ayudar, aportar, etc. No debe ser un energúmeno en el hogar, ¡vamos varón!, dale un beso o miles de besos que sellen y alegren todo su ser. Dilo con diafanidad: “Ayer le di un beso que jamás olvidará, y mañana lo copiaré más”. El PADRE ciertamente dice: “Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas. El corazón de su marido está en ella confiado, y no carecerá de ganancias” (Proverbios 31:10-11. RVR60).

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