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Búscale la vuelta, Eduardo Padrón

Se exhorta a instruir al niño “en su camino” no en el nuestro, ni en lo que deseamos. Hay una individualidad, unos talentos y una vocación que marcan su inclinación

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“Instruye al niño en su camino, y cuando fuere viejo no se apartará de él” (Proverbios 22:6).
Hay una lógica en las cosas que nos advierte que solo funcionan normalmente de cierta forma. Son las leyes que explican la creación y funcionamiento de una maquinaria, por ejemplo, lo que la hace fluir, como dicen algunos, serena y equilibradamente. Cuando tratamos de arreglarla debemos buscarle esa “caída” normal que no es simplemente hallar una solución, sino la que engrane.
No es igual formar a un buen médico que a un médico bueno. Si me doy a entender, uno sale de la universidad y el otro del hogar. Una permite crear un buen profesional y la otra a un buen hombre. La instrucción hogareña de fe en la vida de un niño deja sus huellas. Lo que esperamos es que, sea mucho o poco lo que hayamos hecho bien, nuestros hijos tomen buenas decisiones. Esto lo enseña nuestro proverbio, pero no es todo lo que dice, ni es una fórmula que siempre da los mismos resultados.
El versículo exhorta a instruir al niño “en su camino” no en el nuestro, ni en lo que deseamos. Hay una individualidad, unos talentos y una vocación que marcan su inclinación. Ignorarlos es como forzarlo a que funcione sin reparo alguno en “la caída” o “la vuelta” que se ajuste. Si sólo llega a ser lo que deseamos no se sentirá realizado.
Instruir “en su camino” al niño da la ventaja de una motivación ganada, la lucha contra sus caprichos sería más llevadera y el esfuerzo se concentraría en la corrección y la enseñanza de los valores que formen su carácter y le ayuden a desempeñarse con fe, firmeza, justicia, rectitud y sensibilidad. Dios no obvió este detalle. ¡Qué gran detalle!

Eduardo Padrón
Pastor, comunicador y escritor
edupadron@gmail.com

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