Camina hacia adelante sin mirar atrás, Otoniel Font

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Vida es cuando tienes algo por qué luchar, cuando tienes algo que hacer, algo más grande que tú; vida es cuando tienes algo por lo que trabajar, algo que conquistar

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Tenemos que salir del estado de comodidad y complacencia en el que muchos de nosotros, a veces, entramos.  Tenemos que provocar en nuestra vida el deseo de conquista, de progreso, de incremento, de llegar a más, de lograr un poco más. Cada mañana debe haber un sentido de propósito.  Debes levantarte sabiendo que hay algo nuevo, algo grande que tienes que hacer.
Esto es un gran reto porque el problema del ser humano es que, mientras más pasa el tiempo, en su mente hay más memoria que destino.
Mientras más viejo te pones, en tu mente, hay más memoria que destino. Mientras más viejo te pones, más vives de los recuerdos, que del destino que tienes por delante. Mientras más viejo te pones, más comienzas a recordar lo que pasó, el ayer, lo que dejaste de hacer, lo que no tuviste, lo que no lograste, los errores que cometiste; que no atendiste a tus hijos o que no hiciste tal cosa. Y comienzas a tener más memoria que destino en tu vida. Y es triste cuando un hombre, teniendo tanto potencial, solo piense en las memorias que tiene y no en el destino que tiene que alcanzar. Es muy triste.
Es triste cuando tu mente y tu espíritu están más llenos de pasado que de futuro. Es triste cuando te acomodas a las circunstancias y a las dificultades y lo que vives es de las victorias pasadas, pequeñas, que tuviste.  Es triste que tus memorias te lleven a no desear conquistar absolutamente nada porque tus memorias te llevan a ver el trabajo, el esfuerzo, las luchas, las dificultades y comienzas a pensar qué podrás hacer en el poco tiempo que te queda y se llena tu mente más de memorias que de destino, se llena tu mente más de pasado que de futuro. Es ahí que vemos personas que lo que buscan en su vida es acomodarse, tener un tiempo de paz, de descanso, un momento de tranquilidad para poder disfrutar de alguna vida según ellos, sin darse cuenta que la vida no se encuentra en el descanso, sino que se descansa para tener vida porque vida la tenemos cuando estamos conquistando.  Esa es la única forma de poder vivir.
Vida es cuando tienes algo por qué luchar, cuando tienes algo que hacer, algo más grande que tú; vida es cuando tienes algo por lo que trabajar, algo que conquistar. Vida no es sentarte en la playa con una piña colada a ver el dedo gordo crecer. Eso no es vida. Eso es un tiempo de disfrute, de descanso. Todos lo merecemos, lo necesitamos y Dios nos los da. Si algo Dios institucionó en su creación fue un día de reposo; pero institucionó seis para que trabajemos.  El problema es que vivimos para el día de descanso y no nos damos cuenta que el mismo Jesús dijo que el día de descanso no fue hecho por el hombre, sino para el hombre. No es lo mismo. Es en el espíritu de conquista que un hombre comienza a desarrollar sus mejores capacidades, donde una mujer comienza a ver cosas que nunca antes había visto, donde realmente hay vida, pasión, adrenalina. El problema es que la iglesia ha perdido eso y se promueven otras cosas. En la iglesia se pregunta para qué conquistar más, si todo esto se va a acabar. Pero no; esto no se va a acabar y si se acaba, que se acabe contigo conquistando, peleando, luchando, trabajando para que, cuando puedas presentarte delante del Señor, Él te pueda decir: ‘bien, buen siervo y fiel; en lo poco fuiste fiel, en lo mucho te pondré, entra en el gozo del Señor’.
Rompe con tus límites, con tus miedos. Aprovecha los momentos, sabiendo que tu momento ha llegado y no te puedes quedar en el momento que te encuentras.
Muchos viven todavía con sus memorias llenas de las grandes victorias pasadas y han pensado que ya no hay más nada por delante para ellos. A todos nos pasa. Nos pasa porque nos frustramos, porque nos critican, porque nos cansamos, porque las cosas no salen como pensamos; pero tiene que llegar un momento donde tú despiertes y digas que llegó el momento, que tienes que salir de donde estás y que te mueves para algo más grande. No caigas en la idea errónea del mundo, de la gente y de las ideologías, que te desaniman para luego criticar a aquellos que deciden conquistar al mundo.
Hoy se critica a Bill Gates, a Faucci y a Soros, pero el problema es que hoy los jovencitos están pensando el Nintendo, mientras estos, cuarenta años atrás, estaban pensando cómo conquistar el mundo. En los pequeños cuartos de la iglesia, lo que estamos es consolándonos unos a otros y orando para que Dios haga algo por nosotros, en vez de sentarnos a pensar cómo podemos conquistar este mundo para Cristo. Pero después criticamos a los que deciden conquistar porque no estamos de acuerdo cómo lo conquistan, pero entonces lo que estamos es reaccionando, cuando nosotros debimos ser quienes nos paráramos firmes con el poder del Espíritu Santo en un cuarto de oración donde el poder de Dios puede bajar y llevarnos a las naciones. Pero lo que hacemos es criticar y señalar, decir: es que esta gente es muy ambiciosa. Pero así hemos dejado el espacio abierto.
¿Qué tiene que ocurrir para que, entonces, tú comiences a levantarte? ¿Qué tiene que ocurrir para que tú comiences a creer? Varias cosas tienen que pasar. Veamos una de ellas, en la vida de Cristo.
Siempre tiene que haber gente en tu vida, que provoque este espíritu de conquista en ti.
“En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia, y siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y él fue por toda la región contigua al Jordán, predicando el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados” (Lucas 3:1-3).
Estamos hablando del momento más crítico de la conquista del ser humano, del momento donde el romano había conquistado el mundo entero, poniendo su imperio sobre todas las naciones. Y el problema de Roma no fue que conquistara, sino que quería que todo el mundo le sirviera como si César o Herodes fueran dioses; y comienzan a meterse en todas las regiones. Y no tan solo vemos el contexto romano, sino el religioso, que estaba atrasando al pueblo de Dios. Por eso se mencionan Anás y Caifás. Entonces, tenemos un grupo de cristianos, un grupo de gente que se supone que fuera disidente de todas aquellas cosas que estaban ocurriendo, ajustándose al sistema romano. Y en el desierto, alguien comienza a clamar, sale una voz que comienza a decir:
“Como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías, que dice: ‘Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor; enderezad sus sendas. Todo valle se rellenará, y se bajará todo monte y collado; los caminos torcidos serán enderezados, y los caminos ásperos allanados; y verá toda carne la salvación de Dios’” (Lucas 3:4-6).
Esa fue la voz que comenzó a predicar Juan el Bautista; comenzó a decir: llegó el momento, viene la salvación.  En el momento de opresión romana, religiosa, él decía desde el desierto: viene alguien, ha llegado el momento. Y la gente comienza a llenarse de expectativa de que vendría alguien a conquistar las nuevas fronteras, a liberar al pueblo.
En Juan 1, aparece Cristo frente al Jordán y Juan el Bautista lo señala y le dice: ‘tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, del que yo estoy hablando en el desierto’.
En el momento de mayor opresión de una nación, de una ciudad, hay voces en el desierto que claman para que se levanten aquellos que fueron llamados a este tiempo para liberar a aquellos que vivimos en esta temporada. En los tiempos difíciles siempre se tienen que levantar voces para que despierten el corazón de aquellos que han estado escondidos, cómodos, encerrados, para que tomen la posición y el lugar que tienen que tomar.

Otoniel Font
Pastor, escritor y conferencista

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