Los cultos de oración pasaron de moda; lo que queda son algunas reuniones de “oraciones”, pero eso es otra cosa
Debemos entender que orar no es tanto una “actividad” como una relación. Para que las relaciones funcionen bien, tienen que ser cultivadas. Nadie puede pretender conocer a Dios a menos que decida pasar tiempo con Él.
En mi memoria permanece como un recuerdo fresco las impresiones del niño que solía asistir a los “cultos de oración” en la iglesia donde me formé. Llegábamos a las siete de la noche, cantábamos un himno y cada quien se apartaba a orar a solas, a su manera, de rodillas, de pie, sentado, caminando, etc. Así estábamos hasta las nueve de la noche. Extraño esos cultos que no eran de “oraciones” sino de “oración”.
Cuando hablamos de oraciones (en plural) aludimos a clamores particulares que cualquier individuo puede hacer, mas cuando hablamos de oración, surge la idea de esencia, de vida de oración.
El pastor nos invitaba a que pasáramos al “altar” individualmente, sin que nadie interrumpiera nuestra comunión con actividades o “listas” que las más de las veces tienen la función de realizar una actividad para que se consuma el tiempo. Allí, durante años presencié cómo las personas se entregaban a experimentar momentos sublimes en la presencia de Dios. Me iba a casa a tratar de repetir a escondidas lo que había aprendido en la iglesia. Por eso lo extraño. Los cultos de oración pasaron de moda; lo que queda son algunas reuniones de “oraciones”, pero eso es otra cosa.




