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Destruyendo nuestras propias fortalezas, Fernando Regnault

Las armas más poderosas de Dios, no son contra el diablo, sino para destruir las fortalezas que atan las almas a las tinieblas

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“Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas” (2ª Corintios 10:4).
La Palabra de Dios es como espada de dos filos, corta para los dos lados, tanto para nosotros como para el enemigo. Si la usamos mal nosotros saldremos mal y el enemigo triunfante, y si bien seremos victoriosos y el diablo derrotado.
Las primeras fortalezas que la Palabra tiene que destruir, son las que están en nosotros, esas que nos frenan y que impiden nuestro crecimiento espiritual. Las fortalezas de la mente son realmente fortalezas que dominan la vida de las personas, las llevan a la desgracia o a la victoria. Por eso las armas más poderosas de Dios, no son contra el diablo, sino para destruir las fortalezas que atan las almas a las tinieblas.
Dice así: “derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2ª Corintios 10:5).  El diablo ha cegado el entendimiento a los incrédulos, para que no les resplandezca la luz de Cristo. Ahora bien, el Espíritu Santo está perfeccionando la obra en los creyentes, eso tiene que ver con romper las ataduras de la mente. Hay una palabra que define estas ataduras y es “paradigmas”, se refiere a patrones establecidos en nuestra mente, que son como muros que son infranqueables para nosotros.
Pondré un ejemplo: Los elefantes cuando están pequeños, los atan por una pata con cadena a un árbol. Ellos empiezan a luchar por zafarse y terminan con la pata herida y muy adolorida, cansados aceptan su cautiverio, y se quedan tranquilos. Cuando crecen y tienen tanta fuerza, los atan a una pequeña estaca en el suelo, que ellos con un simple tirón podrían destruir. Pero en su mente tienen ya grabado que es imposible, que es inútil luchar y tenemos a un gigante cautivo principalmente en su mente.
Nosotros somos iguales, hemos crecido en un ambiente de incredulidad, nos han dicho desde niños que hay tantos imposibles, que la mayoría ni se le ocurre tratar de traspasar los límites. Somos esclavos de lo que pensamos y creemos, asediados por pensamientos de temor. Tenemos que renovar nuestra mente por la mente de Cristo, tenemos que hacer nuestras sus Palabras, cambiar nuestros pensamientos por los de Jesús.
La esclavitud y las limitaciones están en nuestra mente, la libertad y la victoria sobre todas las cosas, están en Cristo.
¡Dios te bendiga!

Fernando Regnault
Maestro de la Palabra
www.abcdelabiblia.com

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