La oración en los salmos es el ancla en la seguridad de que pase lo que pase, Dios siempre tendrá el control. Los salmos se convierten en una fuente de respiración espiritual del alma que ora y busca a Dios
El panorama de los Salmos contiene una impresionante colección de alabanza, súplica, gritos de aflicción, dudas, reclamos, adoración, fe, silencio, angustia y aplausos, como una expresión de oración a Dios por encima de todo. Tenemos la oportunidad de expresar cualquier emoción con la autenticidad de un corazón que reconoce al Creador en el llanto y en la risa.
También en tu oración puedes gritar, escuchar, o, simplemente, callar. A veces, se vive la noche oscura del clamor sin respuesta aparente: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?… clamo de día y no respondes; y de noche y no hay para mí reposo” (Salmo 22:1-2). Sin embargo, la fe en la proximidad del Señor a quien se clama, se conserva en medio de la prueba: “Cercano está el Señor de los que lo invocan…escucha sus gritos y los salva” (Salmo 145:18-19).
La oración en los salmos es el ancla en la seguridad de que pase lo que pase, Dios siempre tendrá el control: “La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron. La verdad brotará de la tierra, y la justicia mirará desde los cielos” (Salmo 85:10-11). Los salmos se convierten en una fuente de respiración espiritual del alma que ora y busca a Dios.
No permitamos que una rutina superficial mate en nosotros la oración nacida de los salmos. En tus momentos devocionales sumérgete en las páginas del salterio y déjate llevar por la oración de los patriarcas que supieron encontrar a Dios en la rosa y en la espina.


