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Edgardo Medina nos habla sobre el Covid-19 desde el padecimiento, la perspectiva científica y espiritual

El pastor y médico Edgardo Medina, quien fuera diagnosticado con la Covid-19 en el estado Nueva Esparta-Venezuela, nos narra su testimonio acentuado por la intervención de Dios, así como también amplía puntos de vista desde la parte clínica y espiritual

“Hoy me levanto de esta cama y tengo el convencimiento total de que Dios es bueno, Él ha hecho un milagro en mi vida”, fue la afirmación que dijo el pastor Edgardo Medina al estar hospitalizado con Covid-19 en el hospital Luis Ortega de Margarita / VyV

(Ernesto González – Verdad y Vida).-

MILAGRO DE DIOS

Para este doctor margariteño y creyente, la mano de Dios Todopoderoso, fue el aspecto que sobresalió más allá de la ciencia médica, solamente por la voluntad de Dios, es como este profesional de la medicina y pastor nos narra y confirma en primera persona cómo fue sacado de «el valle de sombra de muerte».
«Afortunadamente fui atendido cuando estaba alcanzando 38 % de saturación de oxígeno, algo que es incompatible con la vida, aun así me preguntaban y decía que estaba bien, aunque respondía hoy tengo conciencia que no me acuerdo ni siquiera del día que me sacaron de mi casa. Fui prácticamente sacado como una berenjena —mi frente, nariz y labios estaban morados—, me llevaron hasta el Centro Médico El Valle, donde me realizaron una tomografía y el médico que la vio dijo: ‘este hombre se está muriendo, no sé cómo está vivo’».
«Luego me trasladan al hospital Luis Ortega, donde me ingresan de inmediato a la unidad de cuidados intensivos. Durante los seis días que estuve en la UCI, no me recuerdo absolutamente de nada, porque mi cerebro entró en un estado probablemente de edema, por la hipoxia y no tengo recuerdos de lo que pasó durante esos seis días. Por la gracia de Dios no tomaron la decisión de intubarme, sino que me auxiliaron con mascarillas y con flujo alto de oxígeno, eso me ayudó a que la saturación subiera progresivamente hasta el sexto día que me sacan de la UCI y es cuando empiezo a tener conocimiento de lo que había pasado, aun con toda la sintomatología que tenía fui pasado a la sala de COVID-19».
«Llegó un momento en que me sentía solo, porque no permitían estar a ningún familiar, y aunque estaba confiado en Dios —sabía que el Señor no me iba a abandonar—, hubo un día de esos seis días posteriores que estuve en la sala de Covid-19, donde entró el temor a mi vida, porque después de haber sido evaluado por el especialista, quien me encuentra un poco mejor de las vías respiratorias, me encontraba prácticamente paralizado de la cintura para abajo, no sentía mis piernas ni mis partes íntimas, cuando intentaba pararme, no podía poner los pies en el suelo, porque era semejante a tener —dos planchas de hielo— en la planta de los pies, y la sensación que tenía era terrible y no podía dar un paso».
«Cuando el médico me evalúa y le manifiesto lo que me está pasando, él pensó que estaba haciendo una patología que paraliza los miembros inferiores, posteriormente la parte abdominal y después la parte respiratoria; cuando el doctor me manifiesta que probablemente estaba haciendo esa complicación, este tipo de patología hizo que el temor empezara a llegar a mi vida y desde ese día había mucha inquietud, no tenía el apoyo familiar allí durante la hospitalización, y el estado de angustia fue tal que el enemigo empezó a atacarme no solamente en el estado en que estaba cayendo, sino que durante tres días había estado solo en la sala de Covid-19 y como a las 8:00 p.m., ingresaron un paciente en malas condiciones con Covid-19, era un paciente que se quejaba, lloraba, nunca dejó de hablar y eso por supuesto que complicaba más mi estado anímico».
«Llegaron las 11:00 p.m., y ya estaba prácticamente vencido, me recordé que había un Dios Todopoderoso, un Dios hermoso que me había prometido que nunca me iba abandonar y clamé a Él y le dije: ‘Señor dame paz, déjame entrar en tu reposo’, y desde ese momento entré en un sueño profundo, allí en el sueño le decía ‘Señor por qué me dejaste solo’ y sentí que alguien se acostó a mi lado y me decía: ‘tú no estás solo Yo estoy contigo’. Volví a decirle: ‘Señor por qué me dejaste solo, siento que estoy solo’; y me volvió a decir: ‘tú no estás solo, Yo estoy contigo’. Por tercera vez le dije: ‘Señor pero yo siento que estoy solo’, y el Señor me volvió a decir ‘tú no estás solo, Yo estoy contigo’».
«Vi cómo aquella persona que se acostó a mi lado, se convirtió en algo como humo y se introdujo dentro de mí y empecé a sentir gozo, paz y tranquilidad. En el sueño me reía solo por el gozo que experimentaba al haber entendido que el Señor estuvo ahí a mi lado. En eso, el Señor me dejó ver una visión, vi cómo la cama (lecho) donde estaba empezó a moverse como el que mueve una hamaca, me reía y cuando abrí los ojos dentro del sueño veo hacia arriba y esa hamaca estaba sostenida por tres cuerdas, esas cuerdas estaban tomadas del pico de una paloma, la paloma iba sacando aquella cama (lecho) de un abismo, progresivamente iba subiendo hasta que llegó y depositó la cama al borde del abismo y me dijo: ‘¡De vuelta a la vida!’, en ese momento me desperté y cuando me di cuenta eran las 7:00 de la mañana».
«El Señor estuvo tratando conmigo desde las 12:00 a.m. hasta las 7:00 a.m. Cuando me dijo ‘de vuelta a la vida’, abrí los ojos, ya había amanecido y dije: ‘Señor gracias porque estoy vivo, gracias porque Tú me das las fuerzas, gracias porque me has devuelto a la vida Señor’. Hoy me levanto de esta cama y tengo el convencimiento total de que Dios es bueno, Él ha hecho un milagro en mi vida, fue un día jueves, para el viernes empecé a tratar de levantarme, aunque no me podía levantar, vinieron muchas personas a ayudarme y Dios me decía en la mente: ‘que te saquen del hospital’».
«Mi preocupación no era tanto la parte pulmonar, mi preocupación era que estaba haciendo una compresión radicular que me estaba impidiendo poder caminar, haciendo el mismo trastorno venoso que había en los miembros inferiores, esto estaba produciendo en mí una hipotermia de los miembros inferiores que algunas veces esta hipotermia podría llevar a una parálisis total de las piernas, por lo que empecé a decirle: ‘Señor ayúdame a salir de aquí’ y Él me decía ‘busca que te saquen de aquí’, sorprendentemente comenzaron a visitarme algunos médicos, les decía estoy bien de los pulmones, mis problemas están en mis miembros, aquí nadie me va a ayudar, solamente mi familia me puede ayudar, necesito el apoyo de mi familia, para que me estén dando masajes y ayuden a hacer ejercicios. Insistí tanto, que llame a mi hijo Eduardo (quien es médico también) y él llorando me decía: pero no te puedo sacar, le dije: hijo si usted no me saca de aquí me puede sacar de dos formas: me sacan muerto o me sacan en una silla de ruedas».
«Mi hijo Eduardo llamó al especialista, el especialista había convenido conmigo que iba a regresar a verme el siguiente lunes, sin embargo, insistí tanto (ya que eso fue de viernes para sábado), que el especialista dijo que me iba a examinar ese sábado y como Dios envió ángeles, envió un enfermero que me dijo a ti hay que sacarte de aquí hoy, porque van a ingresar a seis pacientes que están sumamente contaminados y te puedes contaminar de nuevo, era el mismo Dios diciéndome que te saquen de allí y cuando llegó el especialista, Dios me dio la fuerza para poder caminar y mantener una saturación por encima del 92 %, así el doctor dijo que estaba apto para salir, mandándome unas recomendaciones para que fueran cumplidas en mi casa».
«Lo sorprendente de todo esto, es que cuando llego a mi casa, realmente mi saturación no estaba alcanzando los 90 %, sino que se mantenía entre 88 % y 90 %, tampoco tenía fuerzas para caminar, tuve que ser sacado y cargado como un niño desde mi camioneta hasta la cama de mi habitación, desde ese momento no solo empezó el trabajo de mi esposa, hijos y cuñado, al cual le agradezco mucho la ayuda que me prestó. La terapia que ellos me estaban haciendo de masajes con aplicaciones de calor, permitió que al quinto día empezara a caminar, hoy me siento fortalecido porque Dios ha hecho un milagro en mi vida, estoy más dispuesto a seguir trabajando en el Ministerio, porque si Dios me dio vida es porque tiene un gran propósito conmigo todavía».
«El mensaje para todo aquel que lee esto es que hay una esperanza de vida y esa esperanza de vida está en Dios, hay un pasaje bíblico que en ese tiempo que estuve hospitalizado se dio por completo en mi vida, ese pasaje bíblico está en el Salmo 91:1, “El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente”. Si entendiéramos la magnitud que nos habla este versículo, de todo lo que está dispuesto Dios a hacer por nosotros, si entendiéramos que bajo sus alas y cobertura no hay nada que pueda vencernos, doblegarnos, no hay ninguna fuerza que pueda derribar, si entendiéramos esto, entonces entraríamos y gozaríamos de esa gran promesa que el Señor nos da en el mismo Salmo 91:15-16, cuando dice: “Me invocará, y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y le glorificaré. Lo saciaré de larga vida, y le mostraré mi salvación”».
«Les voy a dar una recomendación, quizás una exhortación de otro pasaje bíblico, que aunque lo vengo experimentando en mi vida desde hace mucho tiempo, ahora más que nunca será experimentado en mi persona, familia y en todo aquel que pueda llevarle este Mensaje, no te olvides nunca, porque esto es bíblico, es ley de Dios, es principio de vida, por eso siempre le digo vive cada día de tu vida como que fuera el último día, y eso fue lo que quiso decir el Señor en el libro de Mateo 6:25-33».

TRANSMISIÓN ENTRE FAMILIARES

Su hijo, quien también es médico, fue el punto de transmisión del virus hacia el pastor y médico Edgardo Medina y otros familiares cercanos, él nos vuelve a relatar de una manera precisa y en primera persona el acontecimiento de los hechos.
«Todos por lo general y en mi caso personal como profesional nos tratamos de proteger tomando todas las medidas preventivas, sin embargo, no podemos aislarnos del resto de la población, sobre todo de nuestra familia, mi hijo es médico y estaba de posgrado en el hospital Luis Ortega de Porlamar y lamentablemente se contaminó con un paciente que llegó y que fue atendido por él. Aunque él llegaba a nuestra casa y se tomaban las medidas preventivas, llegó a nosotros pero jamás pensó que venía en ese momento contaminado y al tercer día comenzó a presentar manifestaciones con el malestar general».
«Lo atendíamos normalmente, no utilizábamos tapabocas porque estábamos en la casa, lamentablemente nos contaminamos. Mi hijo fue hospitalizado el quinto o sexto día de haberse infectado y, por supuesto, que ya mi esposa y yo estábamos contaminados, pero prestándole atención a nuestro hijo que estaba en el hospital Luis Ortega le dedicábamos prácticamente todo el día, nos íbamos hasta Porlamar y nos quedábamos en la puerta del hospital desde las 9:00 a.m. hasta las 8:00 p.m., no nos estábamos atendiendo nosotros mismos y posteriormente pasados ocho días empezamos a tener sintomatología no solamente mi esposa y yo, sino los demás miembros de mi familia».
«Mi hijo mejoró y cuando le toca la oportunidad de darle de alta, empezamos nosotros a manifestar lo que él tenía que son las sintomatologías típicas del Covid-19, por supuesto que en mi caso personal por haberme preocupado más por el grupo familiar y el estrés que tenía por ver no solamente a mi hijo sino a mi esposa y a varios miembros de la familia contaminados, esto deprimió en importancia mi sistema inmunológico y por eso el virus fue más agresivo conmigo, porque debemos tener claro que cuando la persona tiene estrés, preocupación, duda y entra en desespero, su sistema inmunológico se deprime y el virus tiene allí la mayor oportunidad de atacar».
«Esto pasó conmigo, pero más por el estrés de estar viviendo un día malo, un día donde este virus estaba atacando prácticamente a toda mi familia y, por supuesto, que cuando a mí me preguntaban cómo me sentía, decía que bien, pero mi organismo se estaba deteriorando progresivamente, cuando a mi hijo le dan de alta y se va a nuestra casa ya tanto mi esposa como yo estábamos presentando malestar general, fiebre y dificultad respiratoria; empezamos a tratarnos en la casa, acudimos a un especialista (médico internista), quien vino y atendió a mi esposa y ella se hizo el tratamiento en la casa y aunque me lo estaba haciendo, mi sistema inmunológico estaba muy deprimido y empecé a caer en un cuadro de dificultad respiratoria».
«Llegando al extremo de presentar un tipo de falta de oxigenación (hipoxia), que solamente se ve en uno de cada diez mil pacientes. Llegué a presentar lo que se llama una “hipoxia de Happy” lo denominan también “hipoxia feliz”, porque el paciente con un poquito de flujo de aire que le entre a través de la vía respiratoria cree que como le llega a los pulmones y no está haciendo esfuerzo le preguntan cómo te sientes y dices estoy bien, sin embargo la oxigenación es deficiente a nivel del cerebro, riñones, pulmones y corazón, todo el cuerpo progresivamente se va deteriorando y este es el tipo de paciente que si no es atendido a tiempo se muere».

MEDIDAS DE BIOSEGUIRIDAD: UN ARMA A USAR

Las medidas de bioseguridad las menciona como un arma que hay que utilizar ante estos tiempos pandémicos, por los cuales cruzamos.
«La agresividad del virus es cada día mayor. Las medidas preventivas son el único armamento que tenemos desde el punto de vista físico para poder prevenirlo. Utilizar tapabocas, mantener el distanciamiento social y lavarnos las manos, es muy importante porque es lo único desde el punto de vista físico que tenemos para poder prevenirlo; posteriormente se podrá hablar de las vacunas, pero estamos esperando los primeros resultados del efecto y la inmunidad que puedan causar estas vacunas específicas que se han sacado en diversos países contra el Covid-19», agregó.

DIOS TIENE EL CONTROL DE TODO

Edgardo Medina, destaca que el Dios Altísimo, es el único que tiene el control absoluto ante esta enfermedad viral, de magnitud pandémica.
«Lo importante es estar claro que el único que tiene el control de esta enfermedad es Dios, porque ni las vacunas, ni los medicamentos que te indiquen pueden determinar si sales del problema o sencillamente te mueres. Dios es el que tiene el control y, por supuesto, cuando las personas están afianzadas en su Palabra, hay tranquilidad y paz en su corazón», distinguió.

Lo importante es estar claro que el único que tiene el control de esta enfermedad es Dios, porque aun ni las vacunas, ni los medicamentos que te indiquen pueden determinar si sales del problema o sencillamente te mueres / VyV

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