Embajador del Reino Celestial

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Usted y yo ahora somos los privilegiados y esos escogidos por nuestro Padre celestial para representar su Reino aquí en la tierra como sus embajadores

Efesios 6:20, “por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar”.
Cada reino o país tiene personas que ocupan el cargo de Embajador y son los representantes de ese país o reino en tierras extranjeras.
Según la definición de Wikipedia, un embajador es “un diplomático de alta categoría, acreditado por un Estado o gobierno para representar a su país o gobierno en un Estado extranjero”.
Los embajadores son considerados los representantes más importantes de su país en el ámbito diplomático.
Funciones y responsabilidades:
Una de las funciones principales de un embajador es actuar como representante de su país ante el país anfitrión. Esto implica establecer y mantener relaciones diplomáticas, participar en negociaciones bilaterales y promover los intereses de su país en el extranjero.
También pueden ser responsables de representar a su país ante organizaciones internacionales como las Naciones Unidas o la Unión Europea.
Esto implica participar en reuniones y negociaciones internacionales en nombre de su país.
Responsable de la representación oficial de una nación en el extranjero. Esto implica asistir a eventos sociales y ceremonias oficiales, así como recibir a delegaciones extranjeras que visitan su país.
El apóstol Pablo entendió esa asignación como embajador del Reino Celestial y la cumplió a cabalidad.
Usted y yo ahora somos los privilegiados y esos escogidos por nuestro Padre celestial para representar su Reino aquí en la tierra como sus embajadores.
Usted y yo ahora somos: “un diplomático de alta categoría que representa el Reino Celestial aquí en la tierra”. No somos cualquier cosa, asumamos el rol y comportémonos como tal.
El deseo del cielo es que el Reino de Dios sea restaurado sobre la tierra, pero los cielos necesitan representantes y embajadores en la tierra que les den derecho legítimo a intervenir y establecer jurisdicción. Es sólo a través de nuestras apelaciones —nuestras oraciones— que el cielo adquiere el derecho a habitar la tierra. En otras palabras, la oración legaliza las intervenciones del cielo.

Oremos así.
Amado padre celestial en el nombre de tu Hijo Jesucristo, decreto y declaro que el reino del mundo pasará a ser el Reino de nuestro Señor y de su Mesías, y que Él reinará por los siglos de los siglos.
Que tengas un excelente y bendecido día.

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