Tal vez hoy te sientes cansado, débil o sin respuestas. Pero justo ahí, en el lugar donde tus fuerzas terminan, comienza a manifestarse el poder de Dios con mayor claridad y autoridad
Tu victoria no depende de cuánto puedas resistir, sino de cuánto estés dispuesto a confiar en Dios. Hay batallas que no se ganan con fuerza humana, sino con una fe firme en Aquel que nunca ha perdido una guerra.
Muchas veces creemos que todo depende de nuestro esfuerzo, de nuestra capacidad o de lo que podamos controlar. Pero Dios permite ciertos procesos para enseñarnos que hay victorias que sólo llegan cuando dejamos de luchar solos.
No se trata de cuánta fuerza tienes, sino de quién pelea por ti. Cuando Dios toma el control, lo imposible comienza a ceder, el miedo pierde poder y el camino empieza a abrirse donde antes no había salida.
Tal vez hoy te sientes cansado, débil o sin respuestas. Pero justo ahí, en el lugar donde tus fuerzas terminan, comienza a manifestarse el poder de Dios con mayor claridad y autoridad.
Dios no necesita que lo resuelvas todo, sólo necesita que confíes. Lo que no puedes mover con tus manos, Él lo puede transformar con su poder. Tu parte es creer; la de Dios, hacer lo imposible.
Descansa en esta verdad: tu victoria no depende de tu fuerza, sino del poder de Dios. Y cuando Él pelea por ti, no sólo ganas la batalla… también sales fortalecido, renovado y con un testimonio que glorifica Su nombre.
“No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos” —Zacarías 4:6.
¡Tu victoria no depende de tu fuerza, sino del Poder Supremo y Eterno de Dios!
Moisés Yegüez
Apóstol


