Tenemos que aprender a asaltar con disposición muy firme nuestro tiempo devocional. Vengamos a la presencia de Dios ¡aunque el mundo se queme!
Comience a comprometerse a pasar breves momentos de intimidad con Dios en oración a la hora que pueda. Notará que independientemente de cualquier petición que hiciere, lo más importante es que la presencia de Dios lo invadirá lentamente. Aprenda a estar en humillación ante Dios para poder estar de pie ante las demandas del mundo. Hágase esa promesa ¡Ahora mismo! Antes de desplegar su lista de peticiones y anhelos, guarde silencio reverente ante el Señor y deje que su Espíritu hable en la quietud de su presencia, en el entendido de que orar es estar en consonancia y armonía con la voluntad de Dios. “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye” (1ª Juan 5:4,15).
Tenemos que aprender a asaltar con disposición muy firme nuestro tiempo devocional. Vengamos a la presencia de Dios ¡aunque el mundo se queme! Si nos distraemos en las trampas evasivas, la devoción perderá la competencia. A veces sentirás que acudiste a la cita en el altar y aun así te sentirás vacío. Cuídate de que ese sentimiento subalterno sea más importante que tu fe; porque pase lo que pase en tu altar, Dios siempre te acompañará, aunque te sientas solo. El cultivar la vida devocional te traerá sorpresas y en ocasiones la presencia te Dios te llenará cuando tú menos lo esperes.




