El “hijo pródigo” que narra la Biblia procede de una familia adinerada. Pero producto de haberse separado de la cobertura paterna se encuentra arruinado, hambriento y cuidando cerdos. Quiere comer de la comida de éstos, pero ni siquiera eso puede. Los cerdos gozan de un nivel de vida superior.
Pero lo más grave de todo es que aquel joven había perdido la identidad de hijo. Pensando en un futuro diálogo con su padre decía para sí: “no soy digno de ser tu hijo”.
Graves errores cometidos en la vida han llevado a muchas personas a vivir en situaciones extremas de la cual parece imposible salir y ya no se consideran dignos de recuperar la identidad de hijo de Dios y comenzar a disfrutar nuevamente de los beneficios que tan distinguido vínculo genera.
Igual que el padre del hijo pródigo, nuestro Padre celestial está siempre esperando que sus hijos, por más lejos que se encuentren y por muy graves que hayan sido sus errores, acudan a Él para restaurarlos. Porque para Jesucristo, más allá de nuestros errores siempre seremos sus hijos amados.
Dios te bendiga.
Teófilo Segovia Salazar
Pastor y comunicador





