El mismo Jesús cuando las horas del día se le complicaban porque la gente lo acosaba debido al éxito de su ministerio, ¿qué hacía? Se levantaba de madrugada
Jamás debemos olvidar que las dificultades que tiene la práctica de la oración, se derivan de que la oración misma es una verdadera fuente de poder en contra del mundo espiritual que se opone a Dios. Siempre seremos cambiados cuando oremos, aunque esas transformaciones no sean percibidas con la inmediatez que nos gusta.
Estamos inmersos en una realidad espiritual dinámica que la Biblia llama “mundo”, con la idea de un “sistema que se opone a Dios”. “…Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1ª de Juan 2:15-17).
Pues bien, la oración en esencia se opone a todo “eso” que Dios rechaza y por esa razón ese mundo presidido por Satanás se defiende de su enemigo natural. Es allí donde surge la estrategia de la disciplina para vencer a nuestro enemigo.
El mismo Jesús tuvo que apelar a ella. Cuando las horas del día se le complicaban porque la gente lo acosaba debido al éxito de su ministerio, el Maestro sencillamente corría la arruga del día. ¿Qué hacía? Se levantaba de madrugada. ¿Cómo se llama eso?, se llama disciplina. Nosotros quemamos demasiado tiempo útil en cosas sin importancia. Se nos olvida que Dios nos pedirá cuenta de todo lo que nos dio. El tiempo es un recurso no renovable y hay que usarlo con inteligencia.




