La paz que llena el alma (Juan 14:27, Filipenses 4:7), Jacobo García M.

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La paz que Jesucristo nos ofrece, es la de la victoria; ninguna experiencia de la vida nos la puede quitar

El discípulo amado nos narra que, habiendo llegado Jesús a la etapa final de su Ministerio terrenal, les habló a sus discípulos de su inminente partida y de las pruebas que pronto les vendrían. Conociendo Él que una de las mayores tragedias del ser humano en su vida interior es la falta de paz; con ternura, delicadeza y con gran autoridad le dice a los que él había llamado, no se turbe vuestro corazón: «La paz os dejó, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da».
A la luz de lo que Juan nos ha venido instruyendo, podemos decir que la palabra paz aquí en Juan 14:27, nos indica: «Aquella ausencia de inquietud espiritual y aquella seguridad de salvación y de la presencia amorosa de Dios, bajo toda circunstancia que resulta del ejercicio de la fe en Dios y su Hijo» (14:1).
Cuando Jesús con poder y autoridad dice: «No os la doy, como el mundo la da»; nos muestra claramente, que la paz que el mundo proclama, que el diablo y la carne ofrecen:

  • Depende de las circunstancias.
  • Es falsa, que solo dura mientras no haya pruebas, angustias o peleas.
  • Es la de la evasión, evitando los problemas.
  • No llena las necesidades del alma humana.
  • Produce desencanto y grandes frustraciones.

Pero qué sublime y extraordinario es que Jesucristo nos dice, tranquilos: «Yo he vencido al mundo». La paz que Él nos ofrece:

  • Es una paz con Dios.
  • Es decir, paz interior en nuestro corazón y en la mente.
  • Es parte del fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5:22).
  • Esta paz es un tesoro que Jesús, nos ha dejado, que llena todo el ser interior de una bendita seguridad.
  • Cuando esta paz, llena nuestro corazón, toda angustia y ansiedad queda excluida; y es así que podemos exclamar: Hay gozo, gozo en mi corazón.

Amados míos, y estimados amigos que me leen, la paz que Jesucristo nos ofrece, es la de la victoria; ninguna experiencia de la vida nos la puede quitar, ni ningún pesar, peligro o sufrimiento, nos la puede ensombrecer. Es independiente de todas las circunstancias exteriores.

Jacobo García M.
Ex presidente del CEV

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