lunes, junio 8, 2026
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La Sal que perdió su sabor: Una Reflexión sobre la fe y la alianza política en Venezuela

La iglesia no debe ser una oficina de gestión del gobierno ni un apéndice de un partido político. La iglesia debe ser la voz de los que no tienen voz

En los casi 34 años de ejercicio periodístico cristiano me han acusado de «chavista» cuando publicábamos algún hecho positivo del gobierno con los debidos consejos bíblicos para mejorarlo o hacíamos una crítica al sector de oposición. Pero cuando criticábamos, siempre constructivamente, al gobierno de Chávez y Maduro, entonces se nos tildaba de opositores, apátridas, escuálidos y otros epítetos denigrantes más.
Desde esta tribuna comunicacional nunca le hemos faltado el respeto ni a gobierno ni oposición, pero sí hemos fijado posición ante muchos hechos por contrariar las Sagradas Escrituras, vinieran estos del sector político oficialista u opositor; sin dejar por fuera a los líderes y ministros cristianos que incursionando en la política han soliviantado la pureza del Evangelio con sus acciones, más mundanales que cristianas.
No somos jueces, el Señor nos guarde; somos comunicadores al servicio de Dios con un código de ética y una línea editorial que sale de las páginas de la Biblia, por esa razón, como afirma el apóstol Pablo, nunca iremos «contra la Verdad, sino a favor de la Verdad», que es Cristo mismo.
Debido a esto, hoy queremos tocar un tema que ha despertado sentimientos encontrados puertas adentro -y afuera- de la Iglesia Cristiana de Venezuela, en virtud a un artículo que leímos de alguien que no es de nosotros y al que muchos considerarán «una piedra»; pero como bien lo dijo nuestro Señor, que si el pueblo de Dios calla, las piedras hablarían. Lo hago con una actitud reflexiva, como la exhortación de un hermano que se ve en la obligación de escribir lo que el Espíritu Santo le pide.
El reciente escrito del dirigente político Daniel García, «Sectores evangélicos sucumben ante beneficios oficialistas», publicado en el Diario El Nacional no es sólo una crítica política; es un espejo doloroso frente al cual la Iglesia Evangélica venezolana debe mirarse. Como cuerpo de creyentes, la Biblia nos llama a ser «sal de la tierra y luz del mundo» (Mateo 5:13-14). Sin embargo, cuando la sal se mezcla con el lodo de las prebendas y el ventajismo político partidista, pierde su sabor y, como dice la Biblia, «no sirve más para nada, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres».
Sentimos una profunda vergüenza ajena. No por el Evangelio, que es santo y puro, sino por la actitud de aquellos líderes que han decidido canjear la autoridad moral del púlpito por bonos, materiales de construcción, frecuencias radiales, entre otras «ayuditas» de los gobernantes, quienes tarde o temprano, tanto en Venezuela como en los demás países, se les cobrará muy caro esas prebendas.

EL PELIGRO DE SERVIR A DOS SEÑORES

La Palabra es tajante: «Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas» (Mateo 6:24).
Cuando un sector de la iglesia acepta prebendas gubernamentales en medio de una crisis humanitaria sin precedentes, está enviando un mensaje devastador: que el bienestar del templo físico es más importante que el hambre de la oveja. El «señor» de estos sectores ha pasado a ser la estabilidad material provista por el Estado, descuidando la justicia y la misericordia, que son el peso de la ley.

LA INSTRUMENTALIZACIÓN DE LA FE: EL PECADO DE BALAAM

La historia bíblica nos advierte sobre el «camino de Balaam», aquel profeta que intentó comercializar su don espiritual por beneficios políticos y económicos (2ª Pedro 2:15). Ver a miles de pastores alinearse tras una figura política a cambio de un bono es, en esencia, una forma moderna de simonía.
La Biblia nos instruye en Proverbios 29:4: «El rey con el juicio afirma la tierra; mas el que exige presentes la destruye». Un liderazgo espiritual que se deja «endulzar» con aranceles preferenciales o beneficios del Saren pierde la capacidad de ser una voz profética. ¿Cómo puede un pastor denunciar la injusticia, el pecado o la opresión si su sustento depende de la mano que atinge?

EL DEBER DEL PASTOR: CUIDAR, NO MANIPULAR

El artículo de García señala con acierto que estos líderes están «fuera del contexto de la práctica religiosa». Ezequiel 34 contiene una de las condenaciones más fuertes de la Biblia contra los pastores que se apacientan a sí mismos:
«¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos! ¿No apacientan los pastores a los rebaños? Coméis la grosura, y os vestís de la lana; la engordada degolláis, mas no apacentáis a las ovejas» (Ezequiel 34:2-3).
En Venezuela, el pueblo sufre carencias extremas. Que un líder cristiano utilice su influencia para validar un modelo que ha generado este éxodo masivo y esta precariedad, es traicionar el mandato de cuidar al rebaño. Es, en palabras llanas, entregar a las ovejas al lobo a cambio de una ración de comida (un plato de lentejas).
Muchos de los más de 8 millones de venezolanos que emigraron eran miembros de nuestras iglesias, gente que amamos, formamos y sirvieron junto con nosotros, hasta que se vieron obligados a salir de Venezuela y no sólo se fragmentaron familias, se desbancó a la iglesia de muchos buenos hermanos y servidores. ESO DUELE, ESO HACE LLORAR; por lo menos a los sensatos, porque a los insensatos los mueven sus intereses personales más que el dolor del Cuerpo de Cristo, de sus propias ovejas que languidecen por causa de la crisis, que ellos pretenden tapar con un dedo en los eventos políticos a los que acuden.

LA DISCRIMINACIÓN Y EL FALSO TESTIMONIO

Es alarmante ver cómo se fomenta una división entre «evangélicos oficialistas» y evangélicos que mantienen su integridad, al resistirse a participar de este festín de Baltasar (Daniel 5). Dios no es Dios de confusión ni de favoritismos políticos. Al aceptar privilegios exclusivos, estos sectores violan el principio de justicia: «No harás injusticia en el juicio, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al grande; con justicia juzgarás a tu prójimo» (Levítico 19:15).
Al presentarse en actos políticos, estos grupos dan un «falso testimonio» de lo que es el Reino de Dios. El Reino de Cristo «no es de este mundo» (Juan 18:36). Cuando se pretende establecer un «reino» basado en el control social y el clientelismo, se está pervirtiendo la esencia misma de la fe.

UN LLAMADO AL ARREPENTIMIENTO

Como bien concluye Daniel García, este es un momento de definición entre el bien y el mal. No pretendemos juzgar el corazón de cada individuo, pero sí denunciar acciones que exponen al escarnio público el nombre de Cristo.
La iglesia no debe ser una oficina de gestión del gobierno ni un apéndice de un partido político. La iglesia debe ser la voz de los que no tienen voz. A aquellos pastores que hoy caminan por los pasillos del poder buscando beneficios, les recordamos las palabras de Santiago 4:4: «¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios?».
Aún hay tiempo para la reflexión. La verdadera bendición no viene de un decreto presidencial ni de un bono digital, viene de la fidelidad a los principios eternos de justicia, verdad y amor al prójimo; porque la mano de Dios no se ha acortado para proveer a su pueblo. Es hora de que este componente del liderazgo evangélico en Venezuela pida perdón al pueblo y regrese a su verdadera vocación: servir a Dios, no al poder de turno.

Georges Doumat B.

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