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La vejez del pastor

La feligresía y el liderazgo de cada congregación debería pensar de manera más seria acerca de la vejez del pastor, de manera que no le falte absolutamente nada hasta que el Señor le llame a su presencia

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En recientes días el portal cristiano Evangélico Digital publicó una nota por demás de interesante y alentadora bajo el siguiente título: «Argentina: Darán casa a pastores retirados mayores de 60 años»; estas manifestaciones de justicia social nos ponen a reflexionar acerca de un tema poco abordado en nuestra Latinoamérica, en especial por tener que ver con los pastores, el ministerio entregado al servicio de la gente que muy pocas veces es apoyado por la feligresía como es la voluntad de Dios.
La información aclara que «en la provincia de Río Negro, Argentina, se lleva a cabo un programa para brindar obra social y viviendas al sector de pastores de iglesias evangélicas. El plan beneficiaría específicamente a pastores mayores de 60 años ya retirados que no cuentan con casa propia».
Por su parte, «la gobernadora de la provincia, Arabela Carreras, se reunió recientemente con referentes de la Asociación de Pastores de Iglesias Evangélicas de Río Negro (APIER) donde anunció el programa de viviendas para el sector y firmó un convenio para garantizar cobertura social a miembros de la institución».
La citada gobernadora aseguró que «hay unos 550 pastores y pastoras para acceder al beneficio» en la provincia. El presidente de la APIER, Fabio Huenchunao detalló que la construcción de las viviendas estará a cargo de «los hermanos de la iglesia» y que los pastores deberán aportar el terreno para la edificación. «Son viviendas de 30 metros cuadrados en una primera etapa. Es un modelo a replicar en cada localidad de la provincia». Esto beneficiará a los pastores mayores de 60 años que carecen de vivienda propia.
Hace unas semanas escribí acerca de los pastores que tenían que ocuparse en otras labores para poder sostener dignamente a su familia, pues el ingreso que les asigna su congregación no es el suficiente; no porque sea malo que un pastor trabaje secularmente, sino que no es lo que enseña la Palabra de Dios que debe ser (1ª Corintios 9:7-14). Es menester que quien se dedica a un ministerio viva de lo que se genere en el mismo.
Es triste cuando nos enteramos que pastores ya entrados en edad no cuentan con un seguro médico, no tienen casa propia y a veces dejan el pastorado sin tener ni una pensión de vejez y presentan dificultades económicas; después de dedicarse una vida a atender personas muchas veces descuidando a su propia familia, su feligresía no preparó un retiro digno de un hombre o mujer de Dios, si no cuenta con ahorros o hijos que le sostengan, lamentablemente quedan al borde de la pobreza.
Ni es la voluntad de Dios ni es justo -socialmente hablando-, que los pastores terminen en condiciones precarias su vida ministerial; muchas veces enfermos y sin posibilidades de pagarse una asistencia médica privada, cosas que el Señor dejó en manos de cada congregación, pero que las urgencias e imprevistos -que nunca faltan, por cierto- llevaron al descuido de la seguridad social del pastor, quien ahora en la vejez comienza a sufrir de este grave descuido.
La función pastoral es tan o más legítima que cualquier otra ocupación laboral que cuenta con una seguridad social y una digna pensión de vejez una vez se jubila el trabajador. Sabemos de honrosas excepciones, pero gran parte de las asociaciones o confraternidades de ministros casi no se han ocupado de esta situación que golpea al hombre y mujer de Dios en la etapa más dura de la vida.
La feligresía y el liderazgo de cada congregación debería pensar de manera más seria acerca de la vejez del pastor, de manera que esté ejerciendo o no el pastorado no le falte absolutamente nada hasta que el Señor le llame a su presencia, eso es lo justo; más cuando se trata de quien puso lo mejor de sí para ayudar a personas, familias y la sociedad en general.
Felicitamos a la gobernadora Carreras por esta iniciativa que esperamos sea imitada por todos los demás gobernantes nacionales, regionales y locales de nuestra América Latina plena de abnegados pastores y pastoras que en su mayoría no cuentan con los recursos necesarios para enfrentar su vejez.
A Dios gracias que Él es fiel y para siempre su misericordia, Él sí cuida de sus siervos y siervas, y asegura en su Palabra: «Yo seré su Dios en toda su vida. Sí, hasta que su cabello se encanezca por la edad. Yo los hice y yo los cuidaré, los llevaré en mis manos y seré su Salvador» (Isaías 46:4. NBV).

Georges Doumat B.

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