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Las piedras de Dios, Otoniel Font

Todo pecado que tú no matas con la piedra de la Palabra, con la piedra de Dios, terminas metiéndolo en tu casa

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“Y mientras iban huyendo de los israelitas, a la bajada de Bet-horón, Jehová arrojó desde el cielo grandes piedras sobre ellos hasta Azeca, y murieron; y fueron más los que murieron por las piedras del granizo, que los que los hijos de Israel mataron a espada” (Josué 10:11).
¿Por qué piedras?  ¿Por qué Dios usa piedras para derrotar a estos enemigos?  En los primeros nueve o diez capítulos del libro de Josué, uno de los elementos principales son las piedras. Cuando fueron a cruzar el río Jordán, Dios les dijo: toma piedras de este lado, las pones en el medio, y del medio tienes que coger piedras y ponerlas al otro lado.  Las piedras que están dentro del río, nadie las va a ver, pero las que están afuera, si las van a ver. Más adelante, Acán roba del anatema, y Dios les pide que lo apedreen. Y matan a Acán con piedras. Y lo próximo que hacen en Josué 7:26 es un monumento de piedras donde habían matado a Acán.  Más adelante, la Biblia nos muestra que, cuando mataron al rey de Hai, hicieron un monumento de piedras. En Josué 8:31, Josué escribe la ley, otra vez, en piedras. En Josué 10, piedras caen para matar a toda esta gente, y en Josué 10, cuando los cinco reyes fueron conquistados realmente, los metieron en una cueva y la taparon para que no salieran, esto, con una piedra.
A través de toda la historia de Josué, las piedras representan varias cosas. Las piedras representan juicio en la Biblia, el juicio de Dios. A la iglesia, nos gusta ver solamente al Dios que ama, pero no vemos al Dios que hace justicia.  Cuando miramos las piedras, vemos a Dios pasando juicio sobre ciertas naciones, sobre su pueblo. Y todos nosotros, hay ciertas partes de nuestra vida que nos deberían caer unas piedrecitas porque nos gusta que les caigan piedras a los enemigos, pero hay áreas de nuestra vida que necesitan ser matadas y enterradas con piedras. Hay parte de nuestra vida, del pecado, del pasado, que si no es a pedradas y pasando juicio sobre ellas, siempre surgen y las metes en los peores lugares de tu casa. Acán, cuando robó del anatema, lo metió dentro de su casa porque todo pecado que tú no matas con la piedra de la Palabra, con la piedra de Dios, terminas metiéndolo en tu casa. Él es la piedra angular; toda vieja criatura que tú no sepultas bajo la piedra que es Cristo y la metes en tu casa, eventualmente, trae maldición sobre todo tu hogar.  Así que, las piedras representan juicio.
Las piedras en el valle de Ajalón, al igual que en todo lugar, representan también nuestras memorias. Las piedras eran usadas para hacer monumentos para recordar ciertas cosas. La razón por la que las piedras quedaron enterradas en el Jordán era para que no se acordaran del pasado, pero la razón por las que tenían que poner piedras fuera del Jordán era para que todo aquel que viera aquellas piedras, preguntará qué pasó, y los padres pudieran decirles a sus hijos: por aquí, Dios nos abrió un camino; no había camino, y hace años atrás, Dios nos abrió el camino. Los hijos se olvidan porque no estuvieron allí; están en la tierra prometida, y se olvidan del camino que Dios abrió para llevarlos a ese lugar.  Y Dios dice: pon piedras para que pregunten: ¿qué hacen esas piedras allí?
La gente hoy está obsesionada con hacer memorias, y la memoria es ir a un restaurante y tomarte una foto y sentirte un buen padre porque llevaste a tus hijos al parque, y dices que estás haciendo memorias con ellos. Pero la memoria más grande que deben tener tus hijos y tú, es de las piedras que Dios ha hecho caer en tu vida para librarte de todas las batallas que has tenido que librar toda tu vida. La memoria más grande que debe haber en tu vida es que tus hijos y las próximas generaciones sepan que no fue a lo loco, que no llegó por que sí; que las comodidades que tienen en su casa, no las tiene todo el mundo; que Dios tuvo que abrirnos camino, que cuando no teníamos nada, cuando no éramos nadie, cuando nadie creía en nosotros, cuando estábamos contra la espada y la pared, cuando estábamos dando vueltas en el desierto por cuarenta años, cuando nuestra casa, nuestros padres dieron vueltas en el desierto, un día, Dios nos abrió camino.
Las memorias, las piedras más grandes que debe haber en tu vida son todas las cosas que Dios ha hecho. Tú no puedes decir que no has visto caer una piedra en tu vida, en tu casa, que ha abierto camino de una vez y te ha dado la victoria de una batalla. Todavía Dios sigue tirando piedras desde el cielo para abrirte camino. El problema es que queremos nosotros hacer memorias, y no lo dejamos a Él hacer memorias.
No se trata de que no salgas; tú debes disfrutar, pero cuando vayas a ese restaurante, antes de tomarte la foto y postearla, haz una oración para que tus hijos sepan que esa comida no salió de cualquier lugar, sino de Dios. Cuando entres a tu casa, de vez en cuando, siéntate con tus hijos y recuérdales, no para hacerlos sentir mal, sino para que entiendan que lo que tienen es porque ha sido Dios quien se los ha dado. Déjales saber que no podrían tener lo que tienen si Dios no les hubiera dado las oportunidades que les ha dado. Aprovecha y cuéntales de dónde han salido ustedes, de todos los problemas que han tenido en el proceso, y que con el trabajo y los estudios que tienes y los problemas que tienen, jamás pudieras tú darles con tus fuerzas el pequeño cuarto que tienen.
La memoria más grande es que no somos nada, si no fuera por la gracia de Dios. Si no sales con la espada, Él no tira piedras, pero que las piedras sean un recordatorio de que todo lo que tienes ha sido por la gracia de Dios sobre tu vida y que nunca se te olvide.
Dice la Biblia que Josué dice: Sol, detente, y Luna, no salgas. Pidió que se paralizara todo en el valle de Ajalón.  Podríamos llamarle a este milagro, el milagro de la perseverancia.  Josué no iba a dejar que el día terminara, sin que él completara aquello que había comenzado. En este valle, se detiene el Sol. ¿Por qué era tan importante que aquello ocurriera?  Al enemigo, siempre le fascina que caiga la noche, la oscuridad; porque, cuando hay oscuridad, el enemigo se aprovecha. Aunque en algunos de nuestros países, lamentablemente, se haya perdido el respeto, todos sabemos que cuando cae la noche, comienzan los crímenes a surgir porque la noche atrae todas estas cosas en la oscuridad. José sabía que si llegaba la oscuridad, la batalla se iba a complicar.  Imagínate pelear una batalla en la oscuridad. Tú no sabes si estás peleando con tu amigo o con el enemigo; el enemigo puede huir fácilmente en la oscuridad; y Josué dice: tiene que haber Sol, tiene que haber Luna porque esto lo terminamos hoy; tienen que haber Sol y Luna para yo poder decidir quién es mi enemigo y quién es mi amigo, quién es mi aliado y quién no, para yo poder tomar una decisión.
Cada vez que tú estés luchando, siempre pídele al Sol de justicia que permanezca delante de ti, siempre pídele a Dios que te muestre su justicia todo el tiempo porque, mientras el Sol se mantiene sobre tu vida, tú sabes quiénes son tus enemigos.
Tenemos que orar porque los próximos años son cruciales para nuestra historia, para nuestro país, cruciales para las decisiones que se van a tomar, y no podemos permitir que el Sol se apague. Tenemos que pedirle a Dios que muestre el Sol. Hay gente que prefiere la oscuridad, no porque sean enemigos, sino porque está la versión de que “ojos que no ven, corazón que no siente”, pero los cristianos queremos ver quiénes son los enemigos, quiénes son los que están mal, queremos ver que el Sol salga y se mantenga para ver quiénes son los que son porque, cuando sepamos quiénes son los que son, ahí podremos limpiar nuestro país, nuestra sociedad, de todo aquello que es incorrecto, de todo aquello que no sirve. Sonará fuerte, pero hoy, en lugares ocultos, escondidos, hay gente planificando cosas, y lo que están esperando es el mayor momento de confusión y oscuridad para, entonces, en esa oscuridad, traer cosas que no queremos que ocurran y que, cuando salga el sol, entonces, nos daremos cuenta de todo lo que ocurrió. Por eso, hoy, en el nombre de Jesús, le decimos al Sol que se detenga en un lado, a la Luna que se detenga en otro; que Dios nos muestre qué es lo que hay que sacar.
A veces, tú piensas: cuando llegue la noche, voy a descansar. Pero tú no puedes descansar, sabiendo que tus enemigos han salido, han corrido y han huido, porque te van a volver a perseguir. Si hay un enemigo en tu vida, espiritual y mentalmente hablando, mejor que el Sol permanezca encima, brillando, para que tú puedas acabar, terminar con eso en tu vida, y ver la completa victoria que Dios te ha prometido.
Que el Sol de justicia salga sobre tu país, que se mantenga claro allá arriba para que tú puedas salir con la espada y derrotar cada enemigo.
Este planeta no se va a perder. Pensamos como el salmista: vamos a poner todos los enemigos por estrado de sus pies. Los que las piedras no matan, nosotros a espada los vamos a acabar, y que Dios nos dé el Sol para darnos la claridad de qué es lo que tenemos que sacar, y qué es lo que tenemos que terminar.
Pídele a Dios que te dé el Sol de justicia sobre tu vida; que te diga qué hay que eliminar, qué hay que sacar. Que no haya más confusión; mejor es que las cosas salgan a la luz. Es mejor que salga el Sol y que permanezca en el lugar para saber quién es quién, para tú pelear y derrotar los enemigos y ponerlos por estrado de los pies de Cristo.
Dios es Dios de montes, y Dios de valles; y en el valle de Ajalón, mientras tú sales con tu espada, Él va a tirar las piedras y el Sol va a permanecer hasta que tú conquistes cada enemigo y lo pongas por estrado de los pies de Cristo.

Otoniel Font
Pastor, escritor y conferencista

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