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No toda pobreza es bendecida, Otoniel Font

Una cosa es la pobreza espiritualmente hablando, y otra cosa es ser pobre de espíritu

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Una cosa es ser pobre espiritualmente, y otra cosa es ser pobre de espíritu.  Hay gente que son pobres espiritualmente porque no saben la Biblia, no conocen al Señor, no estudian la Palabra. Hay cristianos que van a la iglesia y son pobres espiritualmente porque no saben en quién han creído porque no han estudiado, son inmaduros. Son pobres espiritualmente porque simplemente no han profundizado en su vida.  Una cosa es la gente de pobreza espiritual, y otra cosa es la condición de la pobreza de espíritu.
Hay gente que son pobres espiritualmente porque no tienen ninguna pasión, ninguna fuerza, ninguna motivación, ninguna inspiración para nada. No confundas la actitud de esas personas que no quieren nada en la vida, nada hacia el futuro, o que simplemente no tienen pasión por las cosas de Dios; esa persona no es pobre de espíritu. Una cosa es la pobreza espiritualmente hablando, y otra cosa es ser pobre de espíritu. No toda pobreza es bendecida. Sácate eso de la cabeza, quítatelo de la mente. La única pobreza que es bendecida es la pobreza de espíritu.
Para poder entenderlo, tenemos que ver lo que significa esa palabra pobreza. Según el término usado en el texto original, la imagen que esa palabra pobreza debe crear en tu mente es la de un mendigo, una persona destituida absolutamente de todo. Hay quien se considera pobre, pero no es destituido. Destituido es el que no tiene techo sobre su cabeza, no tiene nada; es aquel que lo único que le queda es estirar la mano a ver quién le da algo, para ver quién pone algo delante de él.  Esa es la pobreza que está hablando aquí. No es la pobreza material y natural de la gente. Es la pobreza del espíritu que te hace a ti depender única y exclusivamente de Dios, es cuando tú entiendes que tú eres un mendigo en esta vida, naturalmente hablando; y que espiritualmente hablando, si Dios no hace nada por ti, tú no eres nada.
La pobreza de espíritu no tiene que ver con el dinero que tengas o no tengas; es que cuando tengas dinero, todavía sepas que todos los días necesitas extender tu mano, buscar a Aquel que te da la mano, Aquel que te salvó; que nada de lo que tienes o has logrado te pertenece. La pobreza de espíritu no tiene que ver ni con humildad. La palabra es destituida. Una persona pobre de espíritu es aquella que sabe que todo lo que tiene, lo que es solo depende de Dios, que sin Él no es nada. Bienaventurado el pobre de espíritu. Bendecido es el que sabe que está destituido de todo, que no hay nada que pueda hacer para salvarse, para cambiar su vida; que no hay nada naturalmente que pueda hacer para asegurarse el cielo.  Si no hubiera sido por la gracia de Dios sobre tu vida, tú no estarías despierto. Pobre de espíritu es la persona que se levanta cada mañana y sabe que no fue el despertador que le levantó, sino que sabe que ese despertador, si se le pone a un muerto, no se va a levantar; se despierta cada mañana y dice: no fue el despertador lo que me levantó esta mañana, sino la gracia de Dios, que me dio la oportunidad de un nuevo día, un nuevo amanecer.
Cada vez que aceptas compromisos, se requiere de ti cierta capacidad económica para poder enfrentar esos compromisos. Y de acuerdo a las responsabilidades que tú aceptes, son las responsabilidades económicas que vas a tener, y basado en eso tendrás que prosperar. La dificultad económica que tú tienes hoy, ha dependido de tus decisiones buenas o malas.  Fuiste tú quien escogió el carro que no podías pagar, la casa que no podías pagar; fuiste tú el que pensaste que te podías dar ese lujo, fuiste tú quien lo hizo. Así que no podemos combinar la relación de la pobreza de espíritu, con nuestras decisiones económicas naturalmente hablando.
Más aún, cada uno de nosotros, delante de Dios, experimentaremos momentos de pobreza diferentes. A cada uno de nosotros, Dios nos va a exigir cosas diferentes, en diferentes momentos, porque la relación de Dios con cada uno es diferente, y lo que Él demanda de ti no es lo que demanda de otros. Así que, hay momentos en que Dios te pide que renuncies a cosas, que no le está pidiendo a otro que renuncie a ellas.  Por eso, debes cuidar de no pretender que otro haga lo que Dios te pidió a ti porque lo que Dios te pidió a ti, no necesariamente se lo pidió al otro. Hay cosas que Dios nos pide a todos por igual, pero hay momentos en que Él trata con cada uno, y lo que demanda de ti no lo demanda de otro.
Tus finanzas se ven afectadas por tus buenas o malas decisiones, y por la aceptación de tus responsabilidades. Si decides casarte, sabes que tienes que prosperar aún más porque cuando eres soltero no tienes los mismos gastos que cuando decides casarte. Si te casas y decides comprar casa, sabes que el pago va a ser más alto que el pago del apartamento, así que tienes que prosperar. Y no tiene que ver nada con la pobreza de espíritu porque, cuando aceptas esa responsabilidad no quiere decir que dejas de ser pobre de espíritu, sino que aceptaste una responsabilidad en esta vida, que requiere de ti unas finanzas. Y tú tienes que saber que, en un momento dado, Dios va a demandar de ti ciertas cosas, y te va a pedir que hagas ciertas cosas que no les va a pedir a otros. En ciertos momentos, te va a pedir una ofrenda, una dádiva, que a lo mejor tú no vas a entender; te va a pedir que dejes algo, que renuncies a algo que tú no sabes por qué te lo está pidiendo. Vas a consultar con otro y preguntar si Dios le dijo eso, y te va a decir que no porque es que no se lo dijo a otro sino a ti porque Dios está trabajando contigo naturalmente hablando. Por eso es que la pobreza de espíritu no se puede ver, basado en el estado económico en que estás porque tu estado económico depende de muchos otros factores. La pobreza de espíritu es la dependencia total del Dios Todopoderoso, donde reconoces que solo por Él es que estás donde estás, que es por su gracia que vives como vives.
Cuando hablamos de una persona pobre de espíritu, es una persona que es un mendigo delante de Dios.  Esa palabra pobreza en Mateo 5:8 es una persona destituida que sabe que no es nadie sin Dios, que todas las mañanas se levanta sabiendo que solo por su gracia es que despierta y se levanta cada día. Es cuando cada mañana que te despiertas te sientes privilegiado y agradecido y, en vez de quejarte, le das gracias a Dios porque otros no se levantaron, pero tú sí te levantaste, ¡qué maravilloso que fue Dios quien lo hizo!
Tu pobreza de espíritu no tiene que ver con tu condición económica, sino con tu reconocimiento del Dios Todopoderoso y de lo que Él ha hecho en tu vida.  La única manera de tú poder realmente apreciar lo que Dios hizo por ti en la cruz del Calvario, y entenderlo como tu Salvador, es con la pobreza de espíritu. La persona que es pobre de espíritu, lo único que hace en su vida es celebrar lo que Cristo ha hecho en su vida, es la persona que sabe que no es nadie sin Él. ¿Dónde estarías tú, si Dios no hubiera llegado a tu vida? ¿Dónde estarías si Él no te hubiera rescatado, si Él no te hubiera levantado? ¿Te has puesto a pensar en eso realmente? ¿Dónde estarías tú si Dios no hubiera estado contigo en tus peores momentos? ¿No te has preguntado cómo habrías pasado la pandemia, si no hubieras conocido a Cristo y lo que Él ha hecho por ti?
El pobre de espíritu es el que vive dependiendo de la gracia de Dios, el que sabe que solo por su gracia es que está donde está. Es cuando tú sabes que lo que tú no puedes hacer, la gracia de Dios lo hace por ti, que aquello que tú no puedes alcanzar, su gracia lo hace por ti.
En el documental de la vida de Michael Jordan, vemos que, aunque él es bueno, y es el mejor, él mismo tiene que aceptar que, sin Scotty Pippen, él no hubiera sido lo que fue. Luego, se forma una rencilla porque Scotty Pippen llega a ser un gran jugador, pero por su pobreza física, firma un contrato que no debió firmar. Él firmó pensando que si se lastimaba y no había firmado ese contrato, su familia moriría de hambre. Así que firmó el peor contrato de la historia, por miedo a la pobreza financiera, y después estuvo amargado por el resto de sus días. Fueron tantos factores. Jordan cae en un momento donde iba a las Olimpiadas; y cuando lo firman, veinte días después, termina en las Olimpiadas. Su fama no viene solo porque es bueno, sino de que el mundo entero lo vio en las Olimpiadas, y todos los ojos del mundo entero cayeron en él, veinte días después que lo firmaron. Es muy probable que la historia fuera diferente, si él no hubiera ido a las Olimpiadas en ese momento; y la razón por la que fue a las Olimpiadas, es porque todo cuadró en el momento preciso. Y solo Dios puede hacer algo así. Porque un solo elemento no te lleva a un éxito tan grande como ese. No hay una fórmula mágica. El hombre tiene talento y trabajó duro, pero si no se hubieran unido todos esos factores -que no estaban bajo el control de él – no hubiera sucedido como sucedió.
Tú tienes un factor que ninguna de esa gente goza y que, a veces, como no somos pobres de espíritu, no lo entendemos; y ese factor se llama la gracia de Dios, que hace que todo obre para bien para aquellos que aman a Cristo Jesús, la gente que depende del Dios Todopoderoso.
Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de Dios. Ese reino de Dios es la vida diferente aquí en la tierra, es el cielo invadiendo la tierra día a día, haciéndote vivir de una manera diferente a los demás.  Ese reino no es una futura promesa de parte de Dios para ti. No es que Dios te está prometiendo algo que vendría.  Es una vivencia en el presente, donde tú puedes ver los cambios en tu vida día tras día y experimentarlo en todo lo que hacemos.

Otoniel Font
Pastor, escritor y conferencista

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