¿Orgullosos de vivir en pecado?

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Personas participan en la marcha para celebrar los 50 años del Orgullo LGBTI en Bogotá. 30-06-2019 / EFE

Si Dios abomina y se opone a los orgullosos, imaginémonos cuán airado debe sentirse el Señor al ver que aquellos que fueron creados a su imagen y semejanza sienten orgullo de ser unos inmorales sexuales

Personas participan en la marcha para celebrar los 50 años del Orgullo LGBTI en Bogotá. 30-06-2019 / EFE

Sabemos que hay orgullos que son buenos, cuando tienen que ver con el avance y desarrollo de alguien, de la familia y, en especial, en aquello que se refiera a Dios; pero la otra cara del orgullo, la mala, que viene precedida por malas intenciones y por muestras de rivalidad hacia el prójimo tiene una procedencia pecaminosa.
La Biblia es bien clara acerca de la inmoralidad sexual en todas sus manifestaciones (sexo fuera o antes del matrimonio y los LGBTIQ+), porque Dios la cataloga como pecado que lleva a condenación eterna, si los inmorales sexuales no se arrepienten antes de morir y reciben a Jesucristo como su único Señor y Salvador, tal y como Dios lo exige.
Hay cada día un creciente grupo de personas que viven en el pecado de la inmoralidad sexual, los cuales «celebran» el ‘día del orgullo gay’ desde que el 28 de junio de 1969, cuando tuvieron lugar los recordados disturbios de Stonewall (Nueva York), que marcaron el inicio de la lucha por los «derechos» de los homosexuales. Pero luego se tomaron todo el mes de junio para enorgullecerse públicamente de sus vidas pervertidas.
Una de las principales actividades que realizan durante esa fecha, puertas afuera, es una marcha en las principales ciudades del mundo. La primera marcha del ‘orgullo gay’ se realizó en 1977 en Barcelona, España, donde participaron alrededor de 400 personas que fueron dispersadas por la policía.
Luego de los gais pasó a ser una celebración de todas las comunidades LGBTIQ+, y este escuálido conglomerado marchó por primera vez en la Ciudad de México en junio de 1979, con un grupo no mayor de mil personas. Lo demás es historia, una vergonzosa historia.
El orgullo con inclinación pecaminosa es una de las manifestaciones humanas que más abomina el Señor, pues tras el orgullo subyacen una serie de malos sentimientos con un solo origen: el corazón; tal y como lo señaló nuestro Señor Jesucristo en los evangelios.
«Es lo que sale de su interior lo que los contamina. Pues de adentro, del corazón de la persona, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, el robo, el asesinato, el adulterio, la avaricia, la perversidad, el engaño, los deseos sensuales, la envidia, la calumnia, el orgullo y la necedad» (Marcos 7:20-22).
Vemos cómo la inmensa mayoría de los pecados ocultos en el corazón humano tienen que ver con la perversión sexual, entre los que destacan: malos pensamientos, la inmoralidad sexual, el adulterio, la perversidad, los deseos sensuales, el orgullo y la necedad. Tristemente todas estas manifestaciones pecaminosas son practicadas por los colectivos LGBTIQ+, aunque ellos nieguen su pecado, lo que está a la vista no necesita anteojos.
Pero de todos los pecados nombrados anteriormente el orgullo (malo) es uno de los más graves, por la implicación que arrastra a una persona a ser orgullosa; puesto que este se nos presenta como la base que sostiene todo un edificio de pecados. «Como dicen las Escrituras: “Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes”» (Santiago 4:6).
Ahora, unamos el pecado de orgullo con la plataforma de inmoralidad sexual representada por los colectivos LGBTIQ+, quienes escogieron un día y luego un mes completo -el presente mes de junio- para sentirse orgullosos públicamente de su vida extraviada y pervertida. Es decir, no es suficiente con pecar de orgullosos, sino que este orgullo lo demuestran con sus depravaciones sexuales.
Si Dios abomina y se opone a los orgullosos, imaginémonos cuán airado debe sentirse el Señor al ver que aquellos que fueron creados a su imagen y semejanza sienten orgullo de ser unos inmorales sexuales, en vez de reconocer humildemente que están pecando con su manera de ser y vivir, y arrepentirse de sus pecados entregando su vida a Cristo para que los perdone y salve de la condenación eterna a la que se dirigen, ellos muestran «orgullosamente» su vergonzoso estado.
Viene a mi mente una de las grandes verdades que escribió Agustín de Hipona: «Fue orgullo lo que transformó a los ángeles en demonios». (Citado Manipulus Florum [c. 1306] Thomas Hibernicus).
Ahora, este grupo de personas a quien Dios ama y desea transformar, agrupadas bajo la larga nomenclatura LGBTIQ+, en vez de acercarse al Señor y vivir de acuerdo a su Palabra contenida en la Biblia, se rebelan contra la santidad de Dios desafiándolo con un orgullo que los transforma en hijos del diablo; porque «el que practica el pecado es del diablo, porque el diablo peca desde el principio» (1ª Juan 3:8).
La gracia de Cristo todavía está disponible para quien reconoce su condición pecaminosa, deja su orgullo y humildemente le entrega su corazón al Señor para ser transformado y salvado. Mientras tengamos aliento de vida tenemos oportunidad de volvernos a Jesús y salvarnos de la eterna condenación.
Deje su orgullo porque «este es el momento oportuno para buscar al Señor. Ahora que está cerca es cuando deben llamarlo.  Los que siempre buscan hacer el mal, que abandonen sus malos pensamientos y ese estilo de vida, y vuélvanse al Señor, pues él siempre está dispuesto a perdonarlos; el Señor es un Dios compasivo» (Isaías 55:6-7).

Georges Doumat B.

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