“Hágase tu voluntad” es un recurso a nuestra disposición para estar seguros de ser asertivos en los momentos de las decisiones difíciles, para no equivocarnos
El Padrenuestro nos recuerda también la necesidad de ser santos. Dios es absolutamente santo y quiere que nosotros seamos santos. Nunca podremos igualarlo porque estamos signados por la herencia pecaminosa de Adán. Sin embargo, “…sed santos porque yo soy santo” es un mandato divino que nos habla de la necesidad de vivir separados del pecado.
Que su Reino, su dominio, su gobierno, venga a nosotros, debe significar que toda nuestra vida, se someta a su dirección. Que no haya áreas de nuestro corazón manejadas sólo a nuestro arbitrio, que Él sea el Señor de “toda” nuestra vida.
“Hágase tu voluntad” es un recurso a nuestra disposición para estar seguros de ser asertivos en los momentos de las decisiones difíciles, para no equivocarnos. Si buscamos conocer su voluntad en cualquier asunto complejo y nos disponemos a obedecerla, aunque no la comprendamos; tendremos asegurado el éxito.
Pedir el pan nuestro de la cotidianidad es muy sencillo, porque pedir es fácil, pero no simple, tiene variables. Pedir es un derecho que tenemos, pero no olvidemos que está condicionado por la Palabra de Dios, en el sentido de que el Señor sólo nos va a conceder las peticiones que son agradables a su voluntad. Solemos pedir mal. Los cristianos adultos debemos pedir con la fe de un niño y la madurez de un anciano.




