Hoy hay muchos así. No pescan en el mar… Pescan en peceras. No gana almas nuevas. Roban ovejas ya convertidas. El campo es el mundo, no la iglesia del vecino
“Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio, no donde Cristo ya hubiese sido nombrado, para no edificar sobre fundamento ajeno” (Romanos 15:20).
En estos tiempos se levanta una generación que no construye… traslada.
No edifica… dividen.
NO EVANGELIZA AL PERDIDO… PESCA DENTRO DEL REDIL.
- Se acercan en silencio.
- Hablan en voz baja.
- Prometen posiciones rápidas y ministerios sin proceso.
- Con palabras suaves inflan el ego.
- Y con halagos calculados seducen corazones inestables.
Eso no es crecimiento.
Eso es rapiña espiritual.
LA BIBLIA DICE….
“Tengan cuidado de los perros, cuídense de los malos obreros y de los que mutilan el cuerpo” (Filipenses 3:2).
Pablo no susurró esta advertencia la proclamó con firmeza apostólica.
Porque cuando alguien toma ovejas ya pastoreadas para engrandecer su nombre, no está expandiendo el Reino… está mutilando el cuerpo de Cristo.
Y el cuerpo de Cristo:
- No es un mercado
- No es una competencia
- No es un negocio religioso
LA BIBLIA DICE:
“Me esforcé a predicar… no donde Cristo ya hubiese sido nombrado”.
EL OBRERO GENUINO VA DONDE NADIE QUIERE IR:
- Busca al que nadie busca.
- Levanta a los perdidos.
- Siembra donde aún no hay fundamento.
PERO EL FALSO OBRERO SIGUE OTRO CAMINO:
- Cosecha donde no sembró.
- Edifica sobre sudor ajeno.
- Busca lo ya trabajado.
- Eso no es llamado.
Eso es ambición disfrazada de ministerio.
¡Hoy la iglesia enfrenta una crisis silenciosa!
No es persecución externa, no es escasez de recursos.
No es falta de templos.
Es más profunda, es interna.
Hombres llamados al ministerio han olvidado que Cristo es la cabeza y han comenzado a comportarse como dueños de las ovejas.
La Escritura declara:
“Cristo es cabeza del cuerpo que es la iglesia” (Colosenses 1:18).
“Somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros” (Romanos 12:5).
Ningún líder, ningún pastor, ningún ministerio es dueño del rebaño.
Todos estamos bajo una sola autoridad: Jesucristo.
Él compró la iglesia con su sangre:
“La iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre” (Hechos 20:28).
Si Él la compró, nadie más puede apropiársela.
Una práctica dolorosa
Hoy vemos algo preocupante:
- Líderes que, en vez de pastorear, compiten.
- Quién tiene el templo más grande.
- Quién tiene más sillas llenas en cada culto.
- Quién tiene más números.
- Porque para muchos los números son más importantes… que las almas salvas.
- En vez de cuidar, conquistan.
- En vez de edificar, dividen.
Hablan con ovejas que no son de su redil
- No para bendecirlas, sino para llevárselas.
- No para edificarlas, sino para sumarlas a su número.
- No para que crezcan en Cristo, sino para engrandecer su nombre.
A esto lo llamamos: PESCADORES DE PECERAS
Jesús dijo: “El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ese es ladrón y salteador” (Juan 10:1).
El verdadero pastor entra por la puerta, que es Cristo (Juan 10:9).
- No entra por manipulación.
- No entra sembrando descontento.
- No entra hablando mal del liderazgo.
El falso entra por otras partes
- Sembrando dudas.
- Despertando inconformidad.
- Prometiendo “algo mejor”.
Y Jesús advierte:
“El ladrón no viene sino para hurtar, matar y destruir…” (Juan 10:10a).
- Hurtar no siempre es robar dinero.
- A veces es robar confianza.
- Robar fidelidad.
- Robar procesos.
- Robar ovejas que otro ha cuidado por años.
Es un hurto espiritual.
Pablo dijo: “Después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces que no perdonarán al rebaño” (Hechos 20:29).
Observe, “en medio”.
No sólo desde afuera.
Líderes con apariencia espiritual, con lenguaje bíblico, con unción aparente, pero con corazón dividido.
“De vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos” (Hechos 20:30).
¡AQUÍ ESTÁ EL PROBLEMA!
No dicen: “Sígueme a Jesús”.
Dicen: “Sígueme a mí”.
En la iglesia primitiva había:
- Comunión, Unidad, Doctrina, Oración
“Perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en las oraciones” (Hechos 2:42).
Cuando Pedro predicó en el día de Pentecostés y tres mil almas se convirtieron (Hechos 2:41),
No creó “la iglesia de Pedro”.
Pedro no dijo mi iglesia.
Los integró al cuerpo de Cristo.
Pablo dijo claramente:
“¿Acaso fue Pablo crucificado por vosotros?” (1ª Corintios 1:13)
“Ni el que planta es algo… sino Dios que da el crecimiento” (1ª Corintios 3:7).
Ellos entendían que eran instrumentos en las manos de Dios, no dueños.
Cuando hubo controversia doctrinal en Hechos 15, no se dividieron.
Buscaron dirección del Espíritu Santo. Eso es madurez espiritual (Hechos 15:28).
Hoy, en cambio, muchos actúan como Diótrefes, de quien habla Juan (3ª Juan 1:9).
Un líder centrado en sí mismo.
Un pescador de peceras
Diótrefes, al cual le gusta tener el primer lugar…”.
- No era un inconverso.
- No era un ateo.
- No era un perseguidor romano.
¡Era un líder dentro de la iglesia!
Pero tenía un problema grave:
- Amaba el primer lugar.
- No recibía a los hermanos.
- Recibía a los que él quería.
- Hablaba mal de los verdaderos siervos de Dios.
- Expulsaba a los fieles.
No edificaba el reino… defendía su trono.
Hoy hay muchos así.
No pescan en el mar…
Pescan en peceras.
No gana almas nuevas.
Roban ovejas ya convertidas.
DIVIDEN PARA CRECER
Controlan para no perder posición.
Les molesta cuando alguien crece espiritualmente.
Les incomoda cuando otro predica con fuego.
Cierran puertas porque pretenden perder protagonismo.
Pero la iglesia tiene una Cabeza, y no es Diótrefes.
Es Cristo.
“Antes del quebrantamiento es la soberbia” (Proverbios 16:18).
Cuando un líder deja de ver a Cristo como cabeza, se convierte a sí mismo en el centro.
Y entonces:
- El ministerio se vuelve empresa.
- El púlpito se vuelve plataforma.
- Las ovejas se vuelven números.
“Apacentad la grey de Dios… no como teniendo señorío” (1ª Pedro 5:2–3).
Jesús dijo:
“El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir” (Mateo 20:28).
Si el Maestro sirvió, ¿cómo un siervo se exalta?
¡Helloooo!!!
- “¡Ay de los pastores que echan a perder y dispersan a las ovejas de mi prado!, dice el SEÑOR” (Jeremías 23:1).
Dios lo toma en serio.
- En Ezequiel 34, Dios reprende a los pastores que se apacentaban a sí mismos.
- “No fortalecisteis las débiles…” (Ezequiel 34:4).
Pero también promete:
- “Yo mismo buscaré mis ovejas” (Ezequiel 34:11).
Cuando los hombres fallan, Dios interviene.
La solución no es crear más ministerios.
Es volver a la Palabra.
Volver a la unidad:
“Que todos sean uno” (Juan 17:21), (Efesios 4:3).
El verdadero liderazgo
✓ Celebra el crecimiento de otros
✓ Ora por otros pastores
✓ Apoya al nuevo obrero
✓ Respeta su proceso
✓ No roba
✓ No compite
✓ No divide
✓ Es de apoyo al nuevo pastor
✓ Lo ayuda a ser pastor
Porque sabe que un día dará cuentas:
“Ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta” (Hebreos 13:17).
No daremos cuenta por cuántos miembros tuvimos, sino de cómo los cuidamos si los guiamos a la presencia de Dios.
- Cristo no viene por denominaciones.
- Viene por una esposa pura (Efesios 5:27).
- No viene por marcas ministeriales.
- Viene por corazones fieles.
VIENE… Por… una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha (Efesios 5:27).
Por eso hoy el Espíritu Santo llama a la Iglesia a arrepentimiento, a sanidad, a restauración.
A dejar de pescar en peceras ajenas, y volver a salir al mar del mundo, como Jesús mandó: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio” (Marcos 16:15).
El campo es el mundo, no la iglesia del vecino.
Hay millones sin Cristo y nosotros peleando por los mismos.
Eso es una tragedia espiritual.
Que Dios nos libre de ser pescadores del redil, pescadores de peceras y nos haga verdaderos pescadores de hombres (Mateo 4:19). Que cuidemos lo que Él compró. Que honremos su sangre.
Que levantemos una Iglesia unida, sana, humilde y centrada en Cristo.
Porque sólo así Él será glorificado.
Amén.
Su servidor.
Marcelino Gutiérrez
Pastor




