Nuestras peticiones pueden ser erradas aun cuando nosotros creamos que es lo mejor que podemos pedir
Hay relatos bíblicos de peticiones que tenían buenas intenciones, pero no eran correctas. El Señor lleva a Juan, Pedro y Jacobo a una montaña alta y solitaria y se “transfiguró” delante de ellos. Estaban ante la plenitud y la gloria del mismísimo Dios. ¡No lo podían creer! Las vestiduras de Jesús resplandecieron “como la nieve” y de repente aparecen ante sus desorbitados ojos nada menos que el gran profeta Elías y Moisés, el gran legislador.
Entonces a Pedro le ocurre la idea de pedirle al Maestro que construyeran tres enramadas para quedarse en la montaña. Por supuesto que la respuesta de Cristo fue negativa. Esa montaña representaba sólo un momento de la vida; su lugar estaba abajo, entre la gente. ¿Se da cuenta? Una petición espiritual y noble, pero profundamente equivocada. Inmediatamente se acabó la “gloria” y los discípulos “aterrizaron”. Jesús simplemente dijo: No.
En otra ocasión, Santiago y Juan le piden a Jesús que les conceda una reservación VIP, nada menos que en la gloria venidera. Una petición que en la forma es espiritual; pero lo hicieron a espaldas de sus diez compañeros de equipo, quienes, cuando lo supieron se enojaron. Santiago y Juan se olvidaron de un detalle: No hay corrupción en el Reino de Dios. La respuesta de Jesús no pudo ser sino un rotundo no. Aprendamos algo: Nuestras peticiones pueden ser erradas aun cuando nosotros creamos que es lo mejor que podemos pedir.




