Proxenetas en la iglesia

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Los pastores terrenales de la novia resultaron ser lobos rapaces, a quien no les importa la integridad de esta / Freepik

En nombre de la iglesia hablan, negocian, planifican y venden a la desposada de Cristo con líderes de la peor calaña del mundo

Un proxeneta es aquella persona que obtiene beneficios de la prostitución de otra persona. Es quien se encarga del comercio sexual a través de la trata de personas, la mayoría de las veces aprovechándose de la necesidad económica de las personas objeto del comercio. Los proxenetas practican el proxenetismo o lenocinio, que es un delito en cualquier país del mundo.
Que en el mundo perdido haya proxenetas no es de extrañar a nadie, pero que en la iglesia de Cristo se practique eso, aunque no de manera literal, no deja de ser escandaloso. Pues hoy vemos a ministros al frente de iglesias y organizaciones cristianas haciendo negocios a costa de la integridad de la iglesia, ya que usan al pueblo de Dios para obtener beneficios personales en lo económico, político y de diversa índole.
Dios demandó de Jerusalén y de algunas de las tribus de Israel el haberse prostituido con los reyes y las naciones paganas, y con sus ídolos, condenando esta actitud pecaminosa; de hecho, Dios denunció a su pueblo y en muchas ocasiones le recriminó su adulterio para con Él que lo había escogido como su «esposa» y esperaba que le fuera fiel en todo momento; pero no fue así.
En el caso que nos ocupa, no estamos hablando de los pecados de los integrantes de la iglesia de Cristo, sino de algunos ministros quienes actuando cual proxenetas han vendido a la «novia del Cordero» por dinero y por prebendas; puesto que con sus alianzas hechas con interés meramente personal han negociado con la virginidad de la iglesia, esa que le costó al Novio su sangre en la cruz.
En el Antiguo Pacto, fueron Judá/Benjamín e Israel las que voluntariamente se vendieron cual prostitutas al paganismo y la idolatría de otros pueblos; mientras que en el Nuevo Pacto, más específicamente en la iglesia de nuestros tiempos, previos al arrebatamiento del pueblo de Cristo, son los ‘ministros’ llamados a «perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a estar unidos por la fe y el conocimiento del Hijo de Dios; hasta que lleguemos a ser un hombre perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo», quienes no sólo han vendido su primogenitura por prebendas y posiciones temporales, sino que han vendido a la iglesia a políticos y mercaderes para que la manoseen y abusen de ella.
Aquellos que deberían velar por el pueblo de Cristo «para que ya no seamos niños fluctuantes, arrastrados para todos lados por todo viento de doctrina, por los engaños de aquellos que emplean con astucia artimañas engañosas», son ellos mismos los que con sus negociados engañosos y brujerías han comprometido la integridad de la virgen que espera a su Esposo para asistir a las Bodas del Cordero, degradándola al nivel de una joven manejada y abusada por estos proxenetas del evangelio moderno.
Bien rápido olvidaron lo que nos aconseja el apóstol Pablo, de que «ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado» (2ª Timoteo 2:4); no sólo se enredaron en los negocios del mundo, sino que han hecho de la novia del Cordero parte de ‘su negocio personal’.
Estos líderes perversos y nubes sin agua, como los falsos profetas y maestros que señalan las Escrituras, «imitarán su conducta indecente, y por causa de ellos se hablará mal del camino de la verdad. Por su rapacidad, estos falsos maestros harán negocio con ustedes. Pero la condenación los espera desde hace mucho tiempo, y su perdición ya está en camino» (2ª Pedro 2:2-3). A sabiendas de esto, muchos están actuando maliciosamente, sin mostrar rubor ni temor de Dios alguno, arrastrando tras sí a la iglesia que el Señor les confió para pastorearla y usándola para sus agendas personales como si fueran los dueños de ella.
En nombre de la iglesia hablan, negocian, planifican y venden a la desposada de Cristo con líderes de la peor calaña del mundo, que van desde corruptos, narcotraficantes, lavadores de capitales y oscuros empresarios; quienes por tener gente a su lado que infle sus depravados egos están dispuestos a pagar al mejor postor evangélico con tal de pasar un rato al lado de la novia, aun en contra de la voluntad de esta, a quien le cuesta zafarse de los proxenetas del evangelio de Laodicea.
Los pastores terrenales de la novia resultaron ser lobos rapaces, a quien no les importa la integridad de esta y mucho menos están pendientes del inminente juicio al que los someterá muy pronto el «Príncipe de los pastores» en su venida. ¡Ay de ustedes, lobos disfrazados de ministros!, «la condenación los espera desde hace mucho tiempo, y su perdición ya está en camino», como escribió el apóstol Pedro.
Así como dijera el profeta Isaías: «Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos. Vuélvase al Señor, quien tendrá de él misericordia; y a nuestro Dios, quien será amplio en perdonar» (55:7); es lo que le aconsejamos a todos estos proxenetas que hoy están abusando de la iglesia, olvidando que el Novio de ella muy pronto les retribuirá el pago por su extravío, si no se arrepienten antes.
Esta es una de las tragedias que padece hoy el evangelio en Latinoamérica. ¡El Señor tenga misericordia de la iglesia!

Georges Doumat B.

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