¿Qué puedo hacer? Oro o me preocupo, Julio Reyes

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Las preocupaciones te entretienen y no te llevan a ningún lado. En cambio, con la oración le das oportunidad a Dios de que tome control del problema

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1ª Tesalonicenses 5:17-18 (RVR 1960), dice: “Nunca dejen de orar. Sean agradecidos en toda circunstancia, pues esta es la voluntad de Dios para ustedes, los que pertenecen a Cristo Jesús”.
Déjenme decirles que orar es mejor que preocuparse. Las preocupaciones te entretienen y no te llevan a ningún lado. En cambio, con la oración le das oportunidad a Dios de que tome control del problema y él sí sabe darle la mejor solución a nuestros problemas.
Hay muchas injusticias que se ven día a día y no podemos negar que nos duelen, nos incomoden y nos da coraje. En muchas oportunidades nos preguntamos ¿qué podemos hacer? Porque la impotencia nos invade. En algunas circunstancias podemos dar algo para ayudar y otras sólo nos toca orar.
Orar representa a una persona intercediendo ante Dios por una causa, quizás alguien crea que es una actitud pasiva, sin embargo, es algo muy poderoso. Todo lo que acontezca es asunto de la oración, aún algo insignificante, es motivo para interceder.

DIOS NOS DA VALOR CUANDO ORAMOS

Orar es algo especial y muy positivo en ti y Dios nos da el valor que necesitamos para enfrentar nuestros temores y circunstancias, porque anteponemos nuestra confianza en Dios antes que en las nuestras. Va haciendo en nosotros cosas maravillosas en nuestros pensamientos y en nuestro actuar.
Pues en medio de la oración, el Espíritu Santo toma el control y aunque muchas veces el temor se queda, Dios nos permite vencer la cobardía y nuestros propios pensamientos negativos.
Dios obra de manera sorprendente, si hay un corazón dispuesto a poner sus cargas, preocupaciones y problemas en sus manos. Orar te da el respaldo, la gracia para que sigas o te detengas. La oración es tan única y especial, que ningún cristiano debe perdérsela ni subestimarla.
La oración de fe mueve montañas, te mueve a hacer aquello que no te atreves y, al final, Dios te sorprende con su respuesta y respaldo.
Ahora… algunas veces Dios te llevará a hacer algo más que orar, en otras no, te dará paz para seguir intercediendo. De una u otra forma, la oración obrará.
¿Entonces qué hacer? Me preocupo u oro.
“En mi angustia invoqué a Jehová, y clamé a mi Dios. Él oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos” (Salmo 18:6. RVR 1960).
Que tengas un hermoso y bendecido día.

Julio Reyes
Pastor

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