Quien vive el Señorío de Jesucristo sabe cuál es su compromiso en la tierra, y conoce lo por venir; los que son guiados por el ESPÍRITU SANTO escuchan su voz de forma nítida
Cuando amanece, ¿a quién adoras? Si piensas inmediatamente en JESUCRISTO de Nazaret como tu SEÑOR y Salvador; tu vida va bien encaminada. Ahora, si los pensamientos sólo te direccionan a realizar y a complacer tu propia opinión; entonces, quien domina es el adversario. Los cristianos somos luz y sal en la tierra porque tenemos el Señorío de CRISTO, no andamos como un cachilapo, diciendo que vivimos independientes a los preceptos de DIOS. El ESPÍRITU SANTO sella; y, por ende, confirma que debemos ceñirnos a la voluntad plena del Eterno. La Biblia dice: “porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Romanos 10:13. RVR1960).
Tenemos la oportunidad de invocarle, al saber de su infinita gracia y de su Señorío absoluto. Un buen discípulo, aquel que reconoce el Señorío de JESUCRISTO:
- Sirve con todo el corazón.
- Procura vivir en unidad.
- Anhela conocer al SEÑOR.
- Evita vivir como un fluctuante.
- Demuestra madurez.
- Mantiene su vida en santidad.
- Da porque tiene vida, y no por necesidad.
- Ora sin cesar porque sabe que es vital.
- Predica con pasión para salvar, y no para controlar.
- Sabe que su prioridad es hacer la voluntad de DIOS.
En la epístola del apóstol Pablo a los Romanos dice: «Porque todas las cosas proceden de él, existen por él y para él. ¡A él sea la gloria por siempre! Amén» (v. 11:36. RVR1960). No va de hacer pataletas “espirituales” para que se haga lo que prefiere nuestro corazón; tiene que ver con demostrar conscientemente que Él gobierna día a día; además, va de imitar su estilo de vida.
Recordemos: “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo” (1ª Juan 2:6. RVR1960). Decir: “¡Señor, Señor!”; no es suficiente. La cizaña puede llamar “Señor” al SEÑOR de señores; sin embargo, nunca le conocerá, porque no es su prioridad. Quien vive el Señorío de JESUCRISTO sabe cuál es su compromiso en la tierra, y conoce lo por venir; los que son guiados por el ESPÍRITU SANTO escuchan su voz de forma nítida, no requieren ni lloran para que venga otro a sintonizar lo que ya está en el dial divino.




