No está diciendo que el sufrimiento y la pena sean algo bueno, sino que la misericordia y la bondad de Dios se derraman sobre aquellos que más las necesitan
Mateo 5:4, “Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación”.
¡Qué bueno es Dios! A Él no se le escapa nada de sus manos y de su control.
Amados, podríamos preguntarnos: ¿Quién necesita la medicina? Por supuesto que el enfermo.
El que está sano para nada necesita de medicina.
Y ¿quién necesita consolación? Por supuesto que los que lloran, los que están afligidos y desconsolados. A esos es quienes el Señor vino para sanar y consolar.
Es sorprendente escuchar que Jesús insiste en que precisamente los que lloran son los bienaventurados (Mateo 5:4). No está diciendo que el sufrimiento y la pena sean algo bueno, sino que la misericordia y la bondad de Dios se derraman sobre aquellos que más las necesitan. Aquellos que están abrumados por el dolor de la muerte o incluso su propia pecaminosidad son los que más necesitan el consuelo de Dios; y Jesús nos promete que «recibirán consolación» (v. 4).
Dios se acerca a nosotros, que somos sus hijos amados (v. 9). Nos bendice en medio de nuestras lágrimas. En medio de nuestro dolor.
A través de su Santo Espíritu que nos lo dejó para que morara en nosotros, nos consuela y acompaña todos los días.
“Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre” (Juan 14:16).
Hay consuelo para los que lloran. Refúgiense en Jesús y Él los consolará.
Que tengas un lindo y bendecido día.




