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Rompiendo la barrera del sonido, Charles F. Stanley

Además de dirigirse a Dios, practique también el estar en silencio en su presencia. Si le escucha atentamente, Él satisfará los anhelos más profundos de su corazón

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“Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra” (Salmo 46:10).
Si el silencio del Señor es bueno para nosotros, entonces, ¿cómo debemos responder cuando sentimos que hay un muro que bloquea nuestro acceso a Él? La única forma de romper es seguir orando. Es importante que permanezcamos de rodillas y sigamos dirigiéndonos a Él.
Primero, pida a Dios que le revele la razón de su silencio. Mientras Jesús estaba en la cruz, Él demostró que podemos acercarnos al Padre celestial con nuestras preguntas (vea Marcos 15:34.) Nuestro Señor nos invita a hablar con Él sobre cualquier cosa, porque nos entiende perfectamente. Él sabe la motivación detrás de lo que estamos pidiendo, y sabe exactamente dónde nos encontramos espiritualmente.
Segundo, pídale que revele su voluntad para su vida, y que le guíe. Recuerde que el tiempo del Señor puede no coincidir con el suyo.
Tercero, confíe en Él. Esté quieto en la presencia del Señor mientras obra en su vida, y crea que Él siempre ve el camino claramente, sea que usted lo vea o no. Tenga en cuenta que Dios desea que sus hijos le escuchemos, aun cuando sintamos que Él está callado, aun cuando queramos renunciar.
Finalmente, abra la Biblia y empiece a leerla. El Espíritu Santo que vive en usted interpretará la Palabra de Dios en su corazón y comenzará a oír que Él le habla.
Además de dirigirse a Dios, practique también el estar en silencio en su presencia. Si le escucha atentamente, Él satisfará los anhelos más profundos de su corazón, y tendrá la sensación de su presencia. Después de esto, los sentimientos de ansiedad darán paso a la paz.

Charles F. Stanley
Pastor, maestro y escritor

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