Algunos cristianos se acostumbran al pecado y ni siquiera lo advierten hasta que se acercan voluntariamente y tienen un encuentro transformador con el Señor
La Biblia dice cuidadosamente: “…Acercaos a Dios y Dios se acercará a vosotros” (Santiago 4:8). Dios desea y aprecia que nos acerquemos a Él. Cuando Dios se nos acerca es porque nos hemos acercado primero, suceden cosas como en la experiencia del profeta Isaías (6:1-7). Él experimentó una visión de la gloria del Señor llenando el templo. Los serafines magnificaban la santidad del Altísimo. Las Escrituras dicen que los quiciales de las puertas del templo se estremecieron y la casa se llenó de humo. Fue en ese instante en el cual el profeta tuvo conciencia de su pecaminosidad residual y la reconoció en un grito angustioso. La respuesta fue inmediata y certera: Ciertamente había pecado en su vida, pero el carbón encendido lo quitaría tocando sus labios.
Algunos cristianos se acostumbran al pecado y ni siquiera lo advierten hasta que se acercan voluntariamente y tienen un encuentro transformador con el Señor. Isaías se estaba acercando a Dios y Dios se estaba acercando a él. El Dios que te está esperando en tu altar personal es el mismo del profeta. ¿Te atreves a entrar? Los esfuerzos producen resultados que conforman la disciplina y establecen los hábitos. Es tu decisión, haz un esfuerzo y acércate.




