Es mejor vivir en paz… ¡Sin miedo a nada! Quien nos llamó no echa cuentos, y quiere que permanezcamos en su raíz, bebiendo de la rica savia del olivo
“En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado” (Salmo 4:8. RVR60).
¿Cuál es tu mayor anhelo en este momento?
- Solidez financiera.
- Viajar por todo el mundo.
- Sanidad inmediata.
- Una boda impactante.
- Comprar una isla.
- Tener los mejores automóviles.
- Vivir sin miedo a la soledad.
- Tener fama, y paro de enumerar.
En el Salmo 4, versículo 2; el salmista dice: “Hijos de los hombres, ¿hasta cuándo volveréis mi honra en infamia, amaréis la vanidad, y buscaréis la mentira?”. Mientras nos centramos en vanidades y en la mentira convertiremos la honra en infamia. Dios nos bendijo al enviar a Su Hijo; empero, queremos lo efímero, y no lo eterno. La paz que conoce el mundo, no se asemeja en nada a la paz que nos prometió Cristo. ¡Podemos vivir en paz… Sin miedo a nada! ¿Sabes cómo?
“Pero alégrense todos los que en ti confían; den voces de júbilo para siempre, porque tú los defiendes; en ti se regocijen los que aman tu nombre” (Salmo 5:11. RVR60).
Quien confía en las finanzas y no en Dios está caminando sobre un fado pleno de espinas. Toda persona rica sin Dios vive un baño de espuma agradable en su momento, pero desgarrador al final de sus días. Por consiguiente, es de prudentes buscar la solidez financiera con alegría, siendo la fuente de dicho gozo nuestro Abba Padre.
“A los ricos de este mundo, mándales que no sean arrogantes ni pongan su esperanza en las riquezas, que son tan inseguras, sino en Dios, que nos provee de todo en abundancia para que lo disfrutemos. Mándales que hagan el bien, que sean ricos en buenas obras, y generosos, dispuestos a compartir lo que tienen. De este modo atesorarán para sí un seguro caudal para el futuro y obtendrán la vida verdadera” (1ª Timoteo 6:17-19. NVI).
No nos cansaremos de decir que, para vivir en paz, es importante morir a la arrogancia que viene por colocar la confianza en el dinero. Las riquezas siempre serán inseguras cuando no se apoya la gran comisión asignada por Dios a los justos. Se evitarían muchas tragedias y penurias, si el dinero de los ricos llegara a la gente correcta, a esa que piensa en su prójimo, y no, en ser millonarios para ver sus caprichos cumplidos. La Palabra nos redarguye de esta manera: “Peca el que menosprecia a su prójimo; mas el que tiene misericordia de los pobres es bienaventurado” (Proverbios 14:21. RVR60).
Quizá sea muy raro que alguien no haya deseado viajar por el mundo con suficiente dinero y viendo cómo se cumplen sus sueños de turista. Sería extraño, sin embargo, nos referimos en este segundo punto a las personas que pierden la paz por entrar en una competencia innecesaria con ciertas personas; es decir, estas anhelan demostrar qué tan exitosos han sido porque viajan a otras naciones; pero lo hacen apartándose del propósito del Señor. Viajar por viajar no tiene importancia, es oportuno decir que, las personas incrementan su inestabilidad emocional cuando caen en un hoyo como este. Despreciar la paz que sobrepasa todo entendimiento por seguir sueños ridículos es una de las mayores necedades del ser humano.
No estamos diciendo que viajar por todo el mundo sea pecado, pecado es que teniendo un llamado la persona, lo deje de lado para satisfacer sus deseos personales, olvidándose del necesitado. El dinero mal usado trae dolores inesperados. ¿Estamos a tiempo? Así nos habla la Biblia: “Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha gente. Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció. Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas a nadie; sino ve, muéstrate al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos” (Mateo 8:1-4. RVR60).
Sanidad inmediata es lo que más desean las personas que padecen alguna enfermedad. Es correcto pedir sanidad total a Dios en el nombre de su Hijo; no obstante, quienes reciben este tipo de milagros y otros, olvidan lo sobrenatural de una manera fácil. Esa misma actitud, la vimos en el pueblo de Israel en el desierto. Antes, vieron tantas señales y milagros; pero decidieron hacer lo malo, revelarse ante los ojos de Dios. En el Evangelio de Juan 5:14 podemos leer: “Después Jesús lo encontró en el templo, y le dijo: —Mira, ahora que ya estás sano, no vuelvas a pecar, para que no te pase algo peor” (DHH). Es impactante ver cómo las personas que pidieron un milagro de sanidad, luego de recibirlo, vuelven a pecar. Además, la insensatez, es tan terrible que pecan como si fuesen el mismo diablo. En otras palabras, el hombre infiel que le dio cáncer de próstata, Dios lo sanó, y volvió con todas sus amantes. La mujer infiel que vio el milagro en su seno y regresó con el compañero de trabajo que destruía a su familia. La paz es para aquellos que obedecen las Palabras del Maestro de maestros, Jesucristo de Nazareth. Quien peca vive en temor constante, aunque lo niegue.
“Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber él de dónde era, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo, y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho, entonces el inferior; mas tú has reservado el buen vino hasta ahora” (Juan 2:9-10. RVR60).
Una boda impactante, con eso sueñan los novios; no es pecado planificar dicho acto. El asunto toma aires obscenos cuando se realiza para competir, y luego decir que, las nupcias de fulana de tal fue una menudencia comparada con la de ella; y que no se ha visto otra igual en la ciudad como la que disfrutó en aquel día. Cada vez más observamos en las iglesias el efecto de Dunning-Kruger. Es bueno casarse; además, en los días de Noé la gente se casaba. Asimismo, aquella sociedad hacía rumbas antes de que se acabará el mundo por un diluvio, y lo más probable, es que se repitiera la escena de sacar en cara lo invertido en ella; incluso, vieron a Noé construir el arca y se burlaban. En el evangelio de Juan, capítulo 12 podemos ver una escena hermosísima: “Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume” (RVR60). Pues sí, Dios quiere a los novios casados, reservándose como campeones del sexo previo, acuérdate de 1ª Corintios 6. La paz es para quienes respetan, estos vivirán sin miedo a nada como lo hizo María al ungir los pies del Maestro.
“Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones” (Mateo 21:12-13. RVR60).
Comprar una isla, tener los mejores automóviles y vivir sin miedo a la soledad forman parte de una lista de deseos personales para muchos. ¿Para cumplir estos sueños fuimos entretejidos en el vientre de una madre? ¿Tener este tipo de antojos nos hacen mejores seres, más íntegros ante Dios? Más adelante, en Mateo 21 podemos leer: “Por la mañana, volviendo a la ciudad, tuvo hambre. Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera. Viendo esto los discípulos, decían maravillados: ¿Cómo es que se secó en seguida la higuera? Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no solo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho. Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis”.
¿Cuál era la misión de la higuera estéril? ¿Cuál es tu responsabilidad en la tierra?, ¿la conoces? Sinceramente, las personas que anhelan cumplir sueños alejados de su propósito eterno terminarán como la higuera que olvidó su responsabilidad en la tierra.
“Pero su fama se extendía más y más; y se reunía mucha gente para oírle, y para que les sanase de sus enfermedades. Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba” (Lucas 5:15-16. RVR60).
En el estribillo de la canción Fama, interpretada por Irene Cara (quien falleció recientemente) dice:
“Fama.
Voy a llegar al cielo.
Encender el cielo como una llama.
Fama.
Voy a vivir para siempre.
Cariño, recuerda mi nombre”.
Los famosos de hoy no salvan ni jamás podrán encender el cielo como lo cita la canción de Irene. Jesucristo nunca usó la fama para mostrar sus galones; pero sí, esta se extendió por los hechos que ocurrían delante de los ojos de muchos. Tener fama no es la solución. Por cierto, fama sin propósito divino es una ilusoria sensación de éxito, esta se desvanecerá, se irá como la niebla ante la salida del sol. ¿Para qué sirve la fama? Serviría, siempre y cuando se obedezca la Palabra del Señor Jesucristo. Si los famosos entendieran Juan 15, no serían seres vacíos. Estos creen que, por ganar premios, ya están realizados… ¡Qué necios! Asimismo, el diablo es famoso, y tiene millardos en el infierno. El pámpano fuera de la vid, es una rama seca levantada en un concierto; será nada cuando termine el evento. Es mejor vivir en paz… ¡Sin miedo a nada! Quien nos llamó no echa cuentos, y quiere que permanezcamos en su raíz, bebiendo de la rica savia del olivo.




