En términos de la especialidad en Salud Ocupacional, hablamos de síndrome de Burnout o del trabajador “quemado” por el trabajo
“Burnout” es un término anglosajón que proviene de la combinación de “Burn”, que significa quemar y “Out” que se puede traducir como echado fuera o salir. En términos de la especialidad en Salud Ocupacional, hablamos de síndrome de Burnout o del trabajador “quemado” por el trabajo, lo cual no es más que la consecuencia del desgaste y agotamiento mental y físico sostenido en el tiempo, por una actividad laboral o cotidiana, sea remunerada o no, que produce una serie de signos y síntomas calificados para este síndrome, de allí que los pastores y líderes de la iglesias, no están exentos de padecerlo por la frecuencia y repetición de las actividades que realizan, sobre todo los pastores a dedicación exclusiva.
Está descrito en la literatura, que quienes más sufren de este tipo de patología son quienes desarrollan actividades de interrelación con personas y resolución de conflictos y que a su vez se envuelven de circunstancias que los llevan a competir, a la conquista de objetivos con plazos apretados, personas perfeccionistas, tener un jefe inmediato con principios dictatoriales, interrelaciones tóxicas con usuarios o compañeros de trabajo y desgaste físico por la fuerza o desgaste energético requerido en su actividad en general, que llevan a un agotamiento extremo de su cuerpo y mente.
Los síntomas del Síndrome de Burnout incluyen, cansancio constante y progresivo, dolores musculares, cefalea, alteraciones gastrointestinales como por ejemplo gastritis y colon irritable, hipertensión arterial, desinterés sexual, razonamiento lento, irritabilidad, depresión, impaciencia, etc., y como consecuencia de estos, desinterés por el trabajo o actividad que se realiza incluyendo la ministerial.
Es por esto que debemos estar atentos y evaluar cuando un líder o pastor no está cumpliendo sus metas o vemos a un pastor agotado, porque terminamos juzgando espiritualmente, algo que proviene de una patología del cuerpo, sobre todo cuando en nuestras iglesias tenemos líderes que realizan una labor muy importante para Dios cumpliendo con los quehaceres de la iglesia (evangelismo, discipulados, reunión de hombres o mujeres, etc.), luego de 8 o más horas de trabajo “secular” (empleo remunerado).
Es por ello que debe existir un equilibrio entre las actividades laborales y eclesiásticas que realiza un líder o pastor, con el tiempo de descanso y recreación (donde debemos incluir nuestra familia), que nos permita descansar el cuerpo para recuperar fuerzas y hacer higiene mental, sobre todo con un buen reposo y, por supuesto, un tiempo de calidad en oración, alabanza y adoración para mantener nuestro bienestar espiritual y comunión con nuestro Señor, así que tomemos al menos un día de descanso semanal, siguiendo el ejemplo que nuestro Padre nos dio.
Génesis 2:2, “Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo”.
Adolfo Delgado
Médico cirujano, especialista en Medicina Familiar y Salud Ocupacional




Excelente exposición del tema!
Felicidades Dr. Adolfo D.
Me permito expresar una pregunta neurálgica para el análisis de cada cual; por no generalizar, una buena cantidad de ministros toma para si la «Carga Ministerial» pues en el seminario o instituto de formación nos hablaron de la ¡Gran Responsabilidad del Ministerio!, lo cuál es verdad, sin embargo, hemos traducido este último como una carga para nuestras vidas, siendo la pregunta neurálgica la siguiente:
¿Si nuestro Señor Jesucristo nos dice que llevemos la carga fácil y ligera de llevar, entonces porque estamos haciendo todo lo contrario, es decir llevando la carga pesada, desobedeciendo abiertamente su mandato?…