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Tu poder decisional, Otoniel Font

En tu vida, las cosas van a cambiar única y exclusivamente cuando tú seas capaz de accionar, de actuar. Y no puedes actuar, si no decides

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Hay cristianos que, a través de los tiempos y con buenas intenciones, han tratado de establecer ciertos principios espirituales en la vida de muchas personas, pero lamentablemente, lo que han hecho es quizás provocar hasta un poco de indecisión, incertidumbre, y, sobre todo, estancamiento e inercia. Hay personas que, por ejemplo, siempre han estado buscando cuál es la voluntad de Dios para su vida, basado en el pensamiento de no querer fallarle a Dios y querer hacer las cosas correctas, pero la gente llega a un estado de confusión, donde llega la inactividad, no hay movimiento y no se toman decisiones. En tu vida, las cosas van a cambiar única y exclusivamente cuando tú seas capaz de accionar, de actuar. Y no puedes actuar, si no decides. La indecisión es una decisión, y la única manera de salir de la indecisión y de la incertidumbre es tomando una acción de fe, basada en una decisión por la cual ya hemos orado y sobre todo hemos creído que Dios nos dará la victoria.
Hablemos hoy acerca del poder de tus decisiones, y cómo tomar decisiones claras, precisas; hablemos de la importancia de este concepto en tu vida, para que puedas avanzar en tu vida empresarial, profesional y financiera.
En 1 Reyes 18, vemos el momento en que el profeta Elías está confrontando al pueblo de Dios y también a los profetas de Baal.
“Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra” (1 Reyes 18:21).
Llega el momento donde el profeta tiene que confrontar al pueblo de Dios y a todo el mundo, a todos los que están allí. Y les dice: ¿hasta cuándo claudicaréis entre dos pensamientos? Esto te demuestra que el pueblo estaba pensando: ¿será Dios, Dios? ¿Será Baal? Mira si estaba esta incertidumbre en la mente del pueblo, que aceptan el reto de Elías, para confirmar si Dios era Dios y no Baal. Una persona que está segura de algo, no tiene que aceptar un reto de esta manera, a menos que sea como Elías, que sí estaba seguro de que Dios era Dios, estaba plenamente convencido. Lo que querían descubrir si sí o no, era el resto; pero aún viendo lo que Dios estaba haciendo, no tomaron una decisión. Y ahí es donde muchos se estancan tanto económicamente como profesionalmente, en sus vidas de manera general. Muchas veces, este pensamiento se espiritualiza, se pone en nuestra cabeza de forma muy espiritual, donde decimos: yo lo que quiero es hacer la voluntad de Dios, lo que quiero es hacer lo correcto. Y eso es un gran deseo; pero no espiritualices tu poca acción, tus pobres decisiones. Tienes que saber que tienes que tomar una decisión en algún momento dado en tu vida, y no puedes quedarte paralizado; mientras no tomes esa decisión, no vas a avanzar.
En el aspecto empresarial, profesional, financiero ¿qué cosas tienes que hacer para poder tomar decisiones más sabias? Qué cosas tenemos que hacer para estar seguros que, cuando tomamos una decisión, estamos tomando la decisión más sabia en ese momento? No quiere decir que toda decisión que tomes va a resultar todo bien de primera intención, que vaya a funcionar como pensabas; tienes que tener un poco de certidumbre en tu vida, un poco de claridad en lo que vas a hacer, pero tienes que actuar; no siempre estará todo cien por ciento seguro, pero sí tienes que actuar, tienes que tomar decisiones.

¿Cómo haces que tus decisiones valgan, que tengan valor, que sean importantes?
Identifica qué es lo que tienes que decidir. No únicamente identifiques el resultado que quieres, no tan solo analices y aclares realmente el problema que tienes delante, sino que identifiques cuáles son las decisiones que tienes que tomar. A veces, identificamos el problema y comenzamos a sentirnos en incertidumbre porque tenemos demasiadas opciones, sin darnos cuenta que, a veces, son dos decisiones las que tenemos que tomar: sí o no.  Si lo que tienes son dos opciones, ¿para qué buscas más? Así no se pueden tomar decisiones de negocios y empresariales firmes. Decide de entre las opciones que tienes. Ya vendrán otras oportunidades, otras posibilidades; pero tienes que tomar una decisión; tienes que identificar qué es lo que tienes que decidir.
Infórmate, pero no sobrepienses tu decisión. Sí es importante tener la mayor información posible, pero no al punto de sobrepensar tu decisión. Es importante que estés informado en tus pensamientos, en tus emociones, acerca de las posibilidades, de las opciones que hay a tu alrededor, para entonces poder caminar en dirección hacia lo que realmente te conviene. Así que, identifica lo que tienes que decidir, usa la mayor cantidad de información posible que tengas a tu disposición, pero eventualmente, tienes que tomar una decisión.
Procura antagonismo. Dentro de tu equipo de trabajo, tiene que haber alguien que vea todo lo negativo, lo complicado, no para persuadirte siempre hacia eso, pero para darte una perspectiva más amplia de la que tú estás viendo hoy, para que entonces puedas activar realmente el poder decisional y saber las posibles consecuencias; que sepas lo que puede ocurrir, lo que puede suceder, y por dónde te vas a mover. Siempre ese ángulo es bien importante. Hay ocasiones en que tú necesitas mirar qué es lo peor que pudiera pasar, simplemente, para tener una perspectiva diferente.
Nunca tomes decisiones emocionales; toma decisiones basadas en principios. Aquí es que muchos fracasan.  Una cosa es ser dirigido por Dios, otra cosa es ser dirigido por tus emociones, y otra, ser dirigido por principios. Y a veces, confundimos las emociones con Dios y viceversa, pero nunca vas a confundirte entre Dios y los principios. Cuando hablamos de principios, nos referimos en este caso a lo que está establecido en su Palabra.  Esto es muy importante.  Dios nunca te va a reclamar, recriminar o decir algo o amonestar, cuando camines en principios, pero sí cuando lo camines en emoción. Y el problema de las emociones es que, a veces, confundimos a Dios con emociones, pero no hay confusión cuando tú trabajas en los principios. Los principios son la manera en que se gobierna el mundo espiritual, son lo que gobierna la vida de una persona creyente. Hay unos principios de negocios, financieros, que no se pueden violar, no se pueden violentar; la generosidad, por ejemplo, la dádiva, el llevar nuestras ofrendas generosas, los diezmos, a la casa de Dios. Muchos dicen: esta semana sentí darle a tal persona lo que yo sabía que tenía que llevar a la iglesia.  En ese caso, te dejaste llevar por una emoción.  Puede que Dios te haya dicho, como puede que no. Puede que simplemente la emoción del cuento que te hicieron te haya llevado a tomar esa decisión y pensar que tienes que ir por encima de los principios que gobiernan tu vida económica y financiera, lo que Dios te ha pedido que tú hagas. Si tú tienes que escoger entre saber si es Dios o son tus emociones, lo que debes es ir al principio espiritual. Si sentiste darle algo a alguien, eso es un sentimiento maravilloso, una tremenda emoción, pero no quiere decir que Dios siempre te diga a quién y cómo o por qué se lo vas a dar. Debes cumplir con lo que dice la palabra de Dios primero, cumplir con el principio espiritual primero, y luego entonces das a quien sentiste, entendiendo que es Dios quien te dirige a hacerlo. Pero no falles a los principios por tu emoción. El apóstol Pablo dice que, cuando vamos a ayudar, nuestra generosidad tiene que ser basada en un orden; primero, a los de tu casa; luego, a los de la familia de la fe; y luego, a los demás. Ese es un principio. No puedes proveer para el mundo, sin antes proveer para los de tu casa porque la Biblia dice que, si haces eso, eres un infiel. Dios no te va a pedir que operes por encima del principio que debe gobernar tus decisiones.
No mires el impacto temporero, inmediato, sino el eterno y hacia el futuro. Tus decisiones no deben ser guiadas por el instante, por lo inmediato, por lo cercano, por el mañana meramente. Cuando tomas decisiones bajo esta premura, en realidad no son decisiones, sino reacciones a algo inmediato que estás viviendo, que estás experimentando; y eso provoca malas decisiones y malas consecuencias en tu vida. Por eso, tienes que mirar el impacto no tan solo de este momento, sino de aquí a un tiempo; tienes que ver cómo esta decisión de hoy puede cerrarte o abrirte una puerta más adelante. Mira el impacto eterno, a largo plazo, y no el instantáneo y momentáneo.

Otoniel Font
Pastor, escritor y conferencista

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