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“Y se humilló a sí mismo”, Rony Chaves

El sentir de Jesús que Pablo anhela que tengamos todos, es una determinación de ofrendar nuestras vidas hasta las últimas consecuencias para alcanzar la consumación del Plan Divino

La gran lección de Jesús es: la mejor ofrenda para dar al Padre es uno mismo / Escena de la película ‘La pasión de Cristo’

“…sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:7-11).
Todo el “PROCESO DE JESÚS EN LA CRUZ” es una extraordinaria lección de entrega, amor y sacrificio por otros digna de ser imitada. Por eso la Escritura (Filipenses 2:5) nos exhorta a tener un mismo tipo de entrega y comportamiento para bendición de los demás: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús”.
La gran motivación de la Biblia es seguir el mismo camino de Jesús al negarse a Sí mismo para ofrendarse plenamente por la salvación de los mortales. Esta es la más sublime y poderosa enseñanza de Cristo para Su Pueblo; negación y entrega total es la mejor ofrenda que podemos dar al Padre para poder tener la más grande y valiosa Cosecha: “almas, almas, almas”.

No estimó el ser igual a Dios
Pablo el apóstol nos narra esta maravillosa e impactante historia diciéndonos así: “el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrare, sino que se despojó a sí mismo” (Filipenses 2:6).
La extraordinaria lección de Jesús es sobre la increíble capacidad propia de Él para despojarse de todo aquello que tenía y que lo posicionaba sobre todo lo creado. El Hijo de Dios como parte de la Divinidad, miembro de la Santa Trinidad (Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo) no se aferró a este derecho legal, sino que, mirando por delante la necesidad de los mortales de un Salvador, por Amor, se despojó a Sí mismo de ser igual a Dios para ofrendar Su vida un día en la Cruz del Calvario. Su acción es totalmente voluntaria por la Humanidad y totalmente voluntaria para servir a Su Padre Dios para ejecutar el más glorioso Plan de Redención y Misericordia en favor de los pecadores.
En la Eternidad, el Hijo de Dios determinó que se despojaría de su Dignidad de Dios y de Su Majestad para someterse al Plan Maestro de Elohim (el Eterno Dios) a través del cual Él entraría al espacio y tiempo de los mortales mediante el glorioso milagro de la Encarnación del Verbo. Su amorosa entrega también implicaba despojarse de su lugar de honra en los Cielos, despojarse de su dignidad y poder, y de someterse a un proceso de humillación para tomar un cuerpo humano y así tomar también el lugar de todos los pecadores en la Cruz.
El sentir de Jesús que Pablo anhela que tengamos todos, es una determinación de ofrendar nuestras vidas hasta las últimas consecuencias para alcanzar la consumación del Plan Divino.

Y se humilló a sí mismo
Desde la perspectiva del Hijo del Dios Viviente ofrendar es darlo todo, entregarlo todo, despojándose de todo si para presentar la mejor ofrenda al Padre hubiera que hacerlo.
En el Campo Financiero estos principios operan, pues están ligados a la ofrenda que debemos dar al Padre. Ofrendar entonces significa dentro de la perspectiva de Jesús, darle a nuestro Dios la mejor y más excelente adoración que podamos darle, para ello debemos despojarnos de todo si Él así lo requiere, dándole nuestro mayor sacrificio y entrega. ¡Amén!
La gran lección de Jesús es: la mejor ofrenda para dar al Padre es uno mismo. Si velamos por ser en verdad “ofrendas vivientes para el Padre”, llenando nuestra vida de entrega, negación, sacrificio y humillación constante, todo lo que le damos desde el punto de vista material, será aceptado por Él y por esta causa, nos dará Su abundante bendición.

Tomando forma de siervo
La humillación de Cristo Jesús fue total e impresionante para que el Padre pudiera cumplir su Plan de Salvación de los mortales. Jesús se despojó de su Divinidad para tomar un cuerpo de hombre para representar a los hombres: “tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres…”; Verso 7. Como Dios no podía salvarnos, era necesario satisfacer la Justicia Divina con el derramamiento de sangre de los pecadores o de aquel ser humano que calificara por su vida recta y santa para morir por ellos.
El apóstol Pablo nos afirma en el libro de los Romanos que no ha existido ningún mortal limpio de pecado que pudiera pagar el precio para rescatar a los humanos. Por causa de esto Dios planificó que el Hijo de Dios se encarnaría y viviría como un ser humano común y así poder vivir una vida santa para entonces ofrecer su vida por los pecadores. Jesús cumplió en todo como ser humano dependiente del Padre para ofrendarse en la Cruz del Calvario por nosotros.
“Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”; Verso 8.
La OFRENDA de Jesús fue una constante humillación y entrega en las manos del Padre para hacer Su voluntad perfecta. Y como en todo lo concerniente a ofrenda, siembra y cosecha, aquí también se aplicó el principio, el Padre le dio a Jesús por Su gloriosa ofrenda la justa y debida retribución: “Por eso Dios también lo exaltó sobre todas las cosas y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:9-11).

Rony Chaves
Apóstol, conferencista y escritor

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