Sólo hombres y mujeres redimidos podrán dar buen fruto, sólo el ser humano arrepentido y convertido puede ser canal de justicia y bendición
Seguimos a aquellos que admiramos y en quienes creemos. Ser seguidor de alguien es poner nuestra confianza en uno que va delante o nos lidera.
Una de las decisiones más importantes en la vida es saber a quién seguir, pues de esa decisión puede depender nuestro éxito o fracaso.
Hoy vivimos en una sociedad carente de modelos, donde la virtud ha dejado de ser importante y ya no se exalta el honor y la integridad en el proceder, donde la actitud y la aptitud del líder han dejado de ser factores relevantes al igual que si está capacitado o no para la tarea; vemos una sociedad decadente cuyos líderes tienen vidas altamente censurables y en su mayoría son neófitos en el oficio que desempeñan.
Hoy todo se resume en ser popular y ocupar una posición de influencia, prevalece el oportunismo y el ventajismo, mas se adolece de gracia, sabiduría, nobleza, don de gente y carácter.
Carecemos de hombres y mujeres cuyas vidas sean dignas de imitar, que sean portadoras de virtud y puedan llegar a ser modelos generacionales a seguir.
Por ello, creo que tenemos delante un gran desafío, y es el de procurar vivir nuestras vidas de tal manera que podamos sentirnos orgullosos de haber vivido, y que nuestros hijos y nietos puedan hallar en nosotros la inspiración para ser mejores.
Debemos salir de la pasividad y la inercia, romper con la actitud expectante de esperar que otro haga lo que yo debo y puedo hacer.
El mundo ha perdido el rumbo, cada día se aleja más del camino de la verdad y la vida, y sólo aquellos que transitan por él pueden redirigir a una generación extraviada, reconectarla con la verdad y hacerla volver de su extraviado camino.
Bien dice el dicho popular: “No esperes peras del olmo”, así que esperar que hombres y mujeres carentes de luz nos guíen a buen destino es un acto irracional, pues, aunque tengamos fe en que nos irá bien, esa fe es infructuosa, pues no está sustentada por la verdad de la Palabra.
Sólo hombres y mujeres redimidos podrán dar buen fruto, sólo el ser humano arrepentido y convertido puede ser canal de justicia y bendición, pues ¿cómo alguien podrá dar lo que no tiene?; ¿cómo podrá manifestar lo que no está en él?
Ante estás interrogantes y breve exposición, creo firmemente que la humanidad requiere imperiosamente de la intervención de la Iglesia de Jesucristo, en la cual hijos de Dios llenos del Espíritu Santo puedan alzar la voz y guiar sin temor a esta generación a la salvación, para lo cual se requiere de hijos e hijas de Dios osados y atrevidos, que no endulcen sus lenguas para congraciarse con las élites del poder, sino que sean sus palabras como espadas afiladas que como bisturí en las manos del cirujano puedan operar los corazones de una generación enferma y agonizante para la cual la única esperanza es Jesucristo.
Sigue a Cristo y paga el precio… y vivamos de tal manera que nuestra vida sea digna de ser imitada…
Diego Ortiz
Pastor y comunicador
@ps.diegoortiz



