Dios tiene todo el poder para realizar milagros, siempre y cuando lo que pidamos esté dentro del ámbito de su voluntad perfecta
Si te acercas a Dios, ¡Él te transformará! La idea de que cuando oremos Dios responderá como esperamos forma parte de una esperanza cultural y estadística del cristianismo. Eso, en principio es cierto, pero debemos respetar lo que la Palabra de Dios enseña. Quienes oran estarían felices si se les pudiera garantizar que su oración significará con toda seguridad que su situación cambiará porque la oración “tiene poder” para eso.
Dios tiene todo el poder para realizar milagros, siempre y cuando lo que pidamos esté dentro del ámbito de su voluntad perfecta. ¿Por qué?, porque con frecuencia pedimos al Señor cosas que creemos buenas y no lo son; es decir, pedimos mal. En ese caso el milagro esperado no ocurre, no por caprichos de Dios, sino porque es inmensamente bueno y no nos concedería lo que es inconveniente.
Siempre que alguien se acerque a Dios en oración va a cambiar, aunque su situación no cambie como pidió. Hablamos del cambio de la gente; no del cambio de sus circunstancias.
La grasa se derrite cuando está cerca del fuego porque el calor tiene la facultad para cambiarla. La grasa no se puede resistir al fuego, a menos que se aleje de él. Si las personas deciden acercarse a Dios, no pueden resistirse al cambio. No nos referimos a cambios que pedimos, sino a transformaciones que ocurren cuando nuestra naturaleza pecaminosa se encuentra con la santidad de Dios.




