Dios es real, aunque circunstancialmente no lo sintamos. De manera que en su tiempo de oración no deje que la emoción controle su fe. Las emociones son accidentales, la fe no lo es
Hay un elemento en su tiempo de oración que merece especial consideración. Me refiero a “lo que pasa” cuando usted ora. Con frecuencia, la mente de los cristianos está dominada por las emociones más que por la fe. La fe es lo que usted cree, eso no es negociable; eso es la Palabra de Dios, eso no cambia. Las emociones son el conjunto de todo aquello que sentimos.
Nuestra vida espiritual no depende de las emociones, sino de la fe. Puede ser que un día usted venga a orar y NO SIENTA NADA; eso no significa que no pasó nada, sino que usted NO lo sintió. Puede ser también que esté triste, o angustiado, o ¡alegre!; pero eso no altera su fe. La fe me ayuda a creer lo que la Palabra de Dios declara, aunque yo no lo sienta. Dios es real, aunque circunstancialmente no lo sintamos. De manera que en su tiempo de oración no deje que la emoción controle su fe. Las emociones son accidentales, la fe no lo es.
Creemos lo que creemos PORQUE Dios lo dice y PUNTO. Si sus emociones no lo ayudan, agárrese de la fe. Fe, por ejemplo, es creer esto que dijo Jesús: “…yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo. Amén” (Mateo 28:20b). Lo creemos porque lo dice Dios, aunque nuestras emociones digan otra cosa. Someta sus emociones a su fe. Siempre que venga a orar pasará algo en su vida, ¡AUNQUE USTED NO LO SIENTA!




