Todos enfrentamos pruebas, pero, así como Dios ayudó a José y a Moisés, y les permitió tener un profundo impacto en otros, también puede ayudarnos y utilizarnos a nosotros
Génesis 50:20, “Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo”.
Cada uno de nosotros tenemos testimonio y experiencia vivida de cómo DIOS nos ha guardado y librado de situaciones peligrosas y pruebas vividas.
La razón es que el plan de Él debe cumplirse en nuestras vidas.
Así como a José, a Moisés, a David y a Jesús, a usted y a mi también DIOS nos ha librados de muchas pruebas, ya que su plan se cumplirá en nosotros.
Mire este testimonio donde DIOS nos libró de la muerte a mi hermana Francisca Reyes y a mi. Siendo un bebé de apenas unos meses de nacido, a mi hermana se le ocurrió la brillante idea de llevarme al río para bañarme y bañarse ella junto con otras amiguitas.
Todo esto ocurrió en el río “la Horqueta” de un pueblito perdido en la selva que forman al estado Delta Amacuro. Allí todos los ríos son anchos, oscuros y profundos, y con mucho movimiento en su caudal.
Mi hermana junto con sus amiguitas se entusiasmaron para bañarse en el río y como era ella la que me cuidaba me llevó a mi también.
Ella me cuenta, después de muchos años, que cuando llegó a la orilla del río, decidió bañarme a mi primero y luego se metería a bañarse con sus amiguitas. Ese fue su plan. Todos los niños al llegar al río se metieron y felices disfrutaban del baño. Mi hermana como era de las más grandes se metió conmigo cargándome en sus brazos.
Allá los ríos son de lodo en el fondo y en la orilla son llanos, pero caminando un poco hacia adentro se vuelven profundos y si usted no sabe nadar la va a pasar muy mal.
Como todo niño que no tiene cuidado del peligro, mi hermana se descuidó y ya sus pies no tocaban el fundo. Y la corriente del río comenzó a arrastrarla conmigo encima de ella.
Ninguna de sus amiguitas se estaban dando cuenta de la inminente tragedia que se estaba cerniendo en nuestra vida. Mi hermana desesperada optó por levantarme con sus brazos y todas sus fuerzas por sobre su cabeza. Aunque ya su cabeza estaba debajo del Agua. Luego de unos angustiantes segundos en esa posición, ella ve hacía arriba y veía los rayos del sol y mi pequeña silueta sostenida sobre el agua por sus brazos.
Por su mente pasaba que cuando ella se ahogara luego le seguiría yo, y su temor era en ese preciso momento, de que nuestra madre cuando se enterara le iba a pegar.
En esa desesperación estaba mi hermana cuando, de repente, sus pies tocaron en el fondo del río un tubo de hierro muy resbaloso y lleno de lodo que daba a la orilla del río. De allí se agarraron sus pies para que el río no la siguiera arrastrando. Cómo pudo empezó a caminar por sobre ese tubo hasta que pudo sacar la cabeza de debajo del agua que la cubría y pudo respirar.
A través de ese tubo resbaloso vino la ayuda de Dios para que mi hermana y yo nos salváramos.
Hoy mi hermana Francisca vive sirviéndole al Señor con su familia en El Tigre, estado Anzoátegui y yo aquí en el estado Nueva Esparta también sirviéndole al Señor en la Obra. De esa y muchísimas más me ha librado el Señor, para que hoy yo sea el instrumento que Él use para tocar tu vida y darte palabras de ánimo, esperanza y amor eterno de Él para ti.
Amados, José también tuvo que superar pruebas terribles: a los diecisiete años sus hermanos celosos lo vendieron como esclavo, y más adelante, fue encarcelado injustamente (Génesis 37; 39–41). Sin embargo, Dios lo usó para salvar a Egipto y a su familia de la hambruna (50:20).
Todos enfrentamos pruebas, pero, así como Dios ayudó a José y a Moisés, y les permitió tener un profundo impacto en otros, también puede ayudarnos y utilizarnos a nosotros.
Busca su ayuda y su guía. Él ve y escucha.
Oremos así:
“Señor Jesús, ¡gracias!, porque me ayudaste a atravesar una prueba. Ayúdame a ser útil para otros”.
Que tengas un lindo y bendecido día.




