Cuando oras que se haga su voluntad, no le estás pidiendo a Dios que bendiga la tuya, sino que te ayude a someterse a la suya
¿Cómo hacemos para conocer particularmente la voluntad de Dios en nuestra vida? Debemos saber que lo más difícil que hay en el proceso de hacer la voluntad particular de Dios es estar dispuestos a obedecerla ¡antes de conocerla. “…Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye” (1ª de Juan 5:14).
No podemos pretender que una vez que tengamos nuestros planes ya listos vayamos a pedirle a Dios que los bendiga cuando antes no le hemos consultado; porque el Señor no bendice nuestros paquetes cerrados. Tenemos que aprender a preguntarle al Señor y esperar que responda, en el entendido de que su respuesta puede no gustarnos; pero esa es su mejor respuesta. Eso fue exactamente lo que hizo el Hijo de Dios con su Padre en el momento crucial de su ministerio: “…Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42).
La voluntad de Dios representa su propósito para nosotros. Siempre nos encontraremos en circunstancias en las cuales no sabremos qué hacer. Ese justamente es el momento cuando debemos consultar con Dios y esperar que nos responda.
Cuando oras que se haga su voluntad, no le estás pidiendo a Dios que bendiga la tuya, sino que te ayude a someterse a la suya. Le estás diciendo: Señor: ayúdame a encontrar tu plan para mi vida, permite que yo pueda comprenderlo, someterme a él y cumplirlo; y si no pudiera entenderlo, dame la gracia y la humildad para aceptar en fe, que eso es lo mejor que tienes para mí. Amén.




