Tenemos que aprender a sacar a la oración del “mueble” en donde la hemos tenido encerrada para exhibirla sólo cuando viene visita
Si usted le preguntara a los líderes cuál es la actividad más importante de su iglesia ellos le responderán que es la oración; pero esa es una respuesta “institucional”, porque en la práctica no es así. Lo que pasa es que no se atreven a ir en contra de la buena fama que tiene la oración y ensayan esa respuesta folclórica. Eso es lo que el Dr. C. Peter Wagner, en su libro Iglesias que Oran, llama la diferencia entre “oración retórica” y “oración activa”, de la cual participa el 95 % del pastorado. Con razón John Maxwell afirma: “Todo se sostiene o se cae en el liderazgo”. Finalmente, Wagner se atreve a decirlo con gran valentía: “El ministerio de oración de la iglesia local se sostendrá o sucumbirá sobre la base de la función de liderazgo del pastor”.
Los pastores de la iglesia de Jerusalén fueron iluminados por el Espíritu Santo para que entendieran la ubicación de la oración en su ministerio. “Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas… Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra” (Hechos 6:2-4).
Tenemos que aprender a sacar a la oración del “mueble” en donde la hemos tenido encerrada para exhibirla sólo cuando viene visita. La oración es un milagro y ella produce milagros. El Señor, como se lo dijo a Pedro, nos está esperando para que velemos con Él. La oración retórica debe convertirse en oración activa.




