Nuestra devoción ha estado demasiado teñida por la precedencia de lo que sentimos sobre lo que creemos. Dios está siempre con nosotros, sin importar cómo nos sintamos
Retírate de la bulla que produce tu propia vida, de los conceptos religiosos que ha generado la esclerosis de una liturgia que ni el Señor soporta, y entra suavemente en su presencia, con las palabras de David: “…Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, y él oirá mi voz” (Salmo 55:17). Debemos estar claros en que casi nunca vamos a tener “ganas” de orar devocionalmente. Vivimos en un mundo que nos rodea y nos envuelve con sus valores.
Es necesario desarrollar hábitos y disciplinas que nos lleven a la presencia de Dios. Nuestra devoción ha estado demasiado teñida por la precedencia de lo que sentimos sobre lo que creemos. Dios está siempre con nosotros, sin importar cómo nos sintamos. Él está con nosotros cuando estamos deprimidos, cuando estamos tristes, cuando estamos desempleados, cuando tenemos hambre, cuando estamos solos, cuando nadie nos toma en cuenta.
Tenemos que aprender que su compañía no depende de ninguna circunstancia exterior. Él está con nosotros siempre porque Él lo ha prometido: “…He quí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mateo 28:20). Así que su presencia no depende de lo que nosotros somos o sentimos, sino de lo que Él es. Jamás termine su tiempo de oración con sensación de derrota ¡aunque eso sea justamente lo que sienta! Dios no es lo que usted siente que es; Él es quien es a pesar de lo que usted crea o sienta.




