La oración no nos ha sido concedida para hacer peticiones unilaterales que desconozcan la naturaleza de Dios
Lo que Dios nos concede siempre es lo mejor porque nos ama profundamente. Hay mucha gente en la iglesia que viene buscando las “cosas de Dios”, pero no les interesa el “Dios de las cosas”. Confunden al Creador del Universo con el genio del sastre de La lámpara de Aladino. Dios nos protege revisando nuestras peticiones, porque, aunque pedir es muy fácil, la verdad verdadera es que nosotros no sabemos ni siquiera pedir, y por eso, muchas veces no recibimos, porque Él, amablemente corrige la “orden”.
Esta verdad nos lleva entonces a revisar con gran honestidad nuestras motivaciones. Estemos claros en algo: Todo lo que hacemos tiene una razón. Esa razón casi siempre está oculta. Podemos esconder nuestras intenciones ante toda la humanidad. Podemos adornar con frases floridas las expresiones más oscuras de nuestra alma y nadie lo notará; pero cuando pretendemos acercarnos al Señor en oración nunca debemos olvidar ante quién estamos.
Él, no sólo es nuestro Padre amante, también es nuestro Señor. Un Señor es un dueño; un Señor es alguien a quien jamás se le puede decir NO. Un Señor es aquel cuya voluntad debemos obedecer sin condiciones.
La oración no nos ha sido concedida para hacer peticiones unilaterales que desconozcan la naturaleza de Dios. “La oración no es una actividad, sino una relación que tiene que ser cultivada, porque es la vida misma del Hijo de Dios”.




