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El Covid, nuestros niños y su salud emocional, Myriam Ortuño

El cierre de escuelas está relacionado con un incremento de consultas psicológicas y psiquiátricas en la población infantil y adolescente

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Desde que en marzo del 2020, explotó la pandemia de Covid, adultos y niños se han visto afectados por diversas problemáticas psicológicas y emocionales. Sabemos que los seres humanos no reaccionamos favorablemente a la exposición prolongada a situaciones de ansiedad, y por supuesto los niños, no son una excepción. De ahí la necesidad de preguntarse de qué forma serán afectados emocionalmente, y sobre todo qué secuelas puede dejar en su constitución psíquica futura.
Con la implementación de la conocida consigna “Quédate en casa”, lo primero que observamos, es que hay una alteración completa de los horarios habituales del niño, y de sus rutinas ya adquiridas. Hablamos de la asistencia al colegio, lugares en donde realizaba deportes, reuniones con su grupo de pares, celebraciones de cumpleaños, y otras actividades sociales que anteriormente el niño desarrollaba y que hoy le están restringidas.
Diversos estudios realizados en varios países afirman que el cierre de escuelas, ha sido relacionado con un incremento de consultas psicológicas y psiquiátricas en la población infantil y adolescente.
Esto último, es completamente lógico, ya que sabemos que, siendo seres por naturaleza gregarios, la falta de contactos sociales puede producir variada sintomatología. En relación a esto, vemos como se ven afectados los procesos naturales de socialización secundaria, a cargo de los grupos de pares con los que el niño se relaciona, y en los cuales aprende valores como la cooperación, la empatía, la solidaridad, el respeto al otro, así como el ensayo de roles adultos.
La actividad del juego, en la que otro está involucrado, posee una importancia fundamental en la niñez, porque cumple una función terapéutica en sí misma. Y existen evidencias que relacionan al aislamiento, el encierro, el aumento del uso de pantallas, y la falta de actividad física, con una agudización de sintomatologías emocionales. Y esto se produce porque el niño no puede aún gestionar hábilmente sus emociones, debido a su corta edad.
Entre el 70 y 80% de los niños presentan alteraciones de algún tipo durante el confinamiento, y las secuelas emocionales son las más evidentes.
Los síntomas más frecuentes son:

  • -Cuadros de angustia
  • -Crisis de ansiedad
  • -Miedo
  • Cambios en el comportamiento -Irritabilidad -Desmotivación
  • Desinterés
  • -Trastornos de sueño y lenguaje
  • -Depresión
  • -Visión pesimista del futuro
  • -Dificultades para reintegrarse nuevamente a sus actividades normales.
  • “Síndrome de la cabaña”, en el cual se padece un temor irracional de salir de la casa, por considerarlo el único espacio seguro.

Por todo esto, es de relevante importancia que se implementen cambios en las restricciones relativas a los niños, permitiéndoles a estos últimos, paseos cortos en espacios al aire libre, actividades deportivas y recreativas en pequeños grupos, como una forma de canalizar de manera saludable su energía, sabiendo que inclusive la actividad cognitiva y la memoria se verán también favorecidas.
Las iglesias también tienen diversas posibilidades de ofrecer ayuda y contención a las familias y a los niños durante las situaciones de confinamiento. Es necesaria la posibilidad de abrir espacios de encuentro virtual entre una o varias personas adultas encargadas, y grupos de niños de edades similares, cuyo objetivo sea tener un sitio donde expresar sus preocupaciones, sus emociones, donde puedan realizarse juegos, y donde simultáneamente, pueda brindarse enseñanza bíblica adecuada a la edad.  Las temáticas a abordar deben ser siempre esperanzadoras y positivas.
Otra propuesta interesante es la de orientar a los niños a realizar tareas de ayuda solidaria a los más necesitados. Buscar entre sus juguetes los que ya no utilizan para ser donados, elegir ropa y zapatos en desuso para ser llevados a otros niños afectados económicamente, es un buen recurso para enseñar haciendo.
Es momento de estar atentos a las manifestaciones emocionales de nuestros niños, ya que estas pueden en ocasiones, pasar inadvertidas. Y es importante recordar que no hay salud integral, donde la salud mental no es atendida.

Myriam Ortuño
Psicóloga y profesora universitaria

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