Si no comprendes algunas cosas de la oración, de Dios, de la Biblia, no te angusties; igual ven porque cuando oras te estás relacionando con tu Dios, quien es además, tu Padre
En el proceso de aprender a orar debemos comenzar por separar las peticiones particulares de la devoción. La oración pública y las rogativas tienen un formato que todo el mundo conoce, porque pedir es algo normal; pero tenemos que ir más allá y llegar a la entrega, a la humillación, al reconocimiento, a la alabanza, a la adoración. Entrar abruptamente a la presencia de Dios voceando una lista de necesidades, no parece una actitud espiritual
Si no comprendes algunas cosas de la oración, de Dios, de la Biblia, no te angusties; igual ven porque cuando oras te estás relacionando con tu Dios, quien es, además, tu Padre.
Si en tu vida hay situaciones de pecado, no dejes por eso de venir a Dios, porque de eso se trata la oración. Ten presente al publicano que oró a pesar de sus antecedentes. Seguramente te sentirás incómodo porque hay personas que lo hacen mejor que tú; no te preocupes por eso. Al Señor sólo le importa la sinceridad de tu corazón.
Al orar, no debes permitir que tu sentir esté por encima de tu creer. Nada de lo que sintamos cambia la naturaleza de Dios. La tristeza, el desánimo, la angustia, la falta de fe; todas ellas son variables normales en la vida. Sientas lo que sientas ven a su altar. Ten la seguridad de que si lo haces, jamás vas a ser rechazado: “…y al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37). Dios no nos bendice porque nosotros somos buenos, sino porque Él es bueno.




