Cuando oramos nos enfrentamos al reino del enemigo. Sólo la oración puede hacerle retroceder. Orar no es fácil porque el diablo hace todo lo posible para que nos alejemos del altar
El tiempo también es parte de la respuesta a nuestras oraciones. Todos disponemos de ocasiones para orar, pero no todos lo hacemos. Hay que entender que la oración es una relación espiritual capaz de reunir el poder y la gracia del cielo a nuestro favor, y eso no es, ni puede ser fácil. La oración provoca un movimiento sísmico en el mundo espiritual que produce necesariamente cambios, porque se trata de hacer retroceder al enemigo de la humanidad, quien nunca ha tenido buenas intenciones con nosotros.
Cuando oramos nos enfrentamos al reino del enemigo. Sólo la oración puede hacerle retroceder. Orar no es fácil porque el diablo hace todo lo posible para que nos alejemos del altar. En ese sentido, es necesario recordar la experiencia del profeta Daniel cuando el ángel le dijo: Tus palabras fueron oídas desde el primer día, pero no podía venir por la oposición del enemigo.
El profeta no se desanimó por lo que “sintió” mientras oraba en condiciones tan críticas. Permaneció sin vacilar en la trinchera y a su debido tiempo vino la respuesta divina que le reveló que, aunque la situación que vivía no era para nada gratificante, finalmente Dios tenía el control después de batallar con huestes demoníacas, enemigas de la humanidad, con las que hay que luchar perseverantes si deseamos obtener la victoria. Si queremos que se produzcan cambios en nuestro entorno o en nuestra vida, tendremos que aprender a esperar el tiempo de Dios.




