Las personas olvidamos por accidente, no por decisión. El perdón, en cambio, es un acto de nuestra voluntad, es una decisión
Perdonar NO es olvidar. Esa sólo es una frase tradicional a la que le hemos dado un valor inmerecido. Las personas olvidamos por accidente, no por decisión. El perdón, en cambio, es un acto de nuestra voluntad, es una decisión. El perdón es algo que nosotros no merecemos. Fluye del amor de Dios y no lo podemos ganar. Un cristiano que no perdona NO ha entendido el Evangelio. Sólo hay que “pasar por alto” la ofensa sin olvidarnos que también hemos pecado muchas veces contra Dios y contra otros.
También podemos asumir la actitud de creer que hemos perdonado porque lo expresamos verbalmente. ¡Cuidado! Perdonar sólo con la boca no es perdonar. Tampoco hay que “sentir” algo especial para perdonar. Perdonar no es un problema de emociones, sino de convicción cristiana.
Si tenemos dificultades para perdonar a otros, acudamos ante Dios con humildad y temor, en oración y roguemos por esas personas, aunque no sintamos hacerlo, aunque no las amemos. Digámosle al Señor con nuestras propias palabras qué es lo que nos molesta y seamos perseverantes en el altar hasta que las cadenas sean rotas. Tal es el significado de la frase “…y perdónanos nuestras deudas…”. El milagro se realizará después que vengas a Su presencia, porque allí, todo es más fácil.




