Dios es esencialmente bueno y justo, no anda haciendo cacería de pecadores. El ámbito de su amor y su justicia tienen su tiempo y en eso Él es irremediablemente soberano
En el Padrenuestro, Jesús nos enseñó que el perdón es una doctrina capital del pensamiento cristiano. Sin perdón no hay cielo. Nuestra salvación se hizo posible porque Cristo decidió pasar por alto nuestros pecados. En consecuencia, no tenemos razón para negar o retener el perdón a nuestros ofensores. Si no perdonamos, tampoco podremos ser perdonados.
Lutero dijo que no es posible prohibir que los pájaros vuelen sobre nuestra cabeza, pero sí podemos evitar que construyan un nido sobre ella. La tentación es la prueba de nuestra libertad, y sólo es una invitación. Dios no la produce, sólo la permite. Todas las posibilidades de ser vencedores están a nuestra disposición, debemos aprender a usarlas.
En el orden de nuestra relación con Dios hay tres elementos que nunca debemos olvidar: 1. Quién es Dios; 2. Quién es nuestro enemigo; y 3. Quiénes somos nosotros. Dios es esencialmente bueno y justo, no anda haciendo cacería de pecadores. El ámbito de su amor y su justicia tienen su tiempo y en eso Él es irremediablemente soberano. Nuestro enemigo es malo sin retorno. “Vino a matar a hurtar y a destruir”. Seríamos insensatos si esperamos otra cosa de él. Y nosotros, ¿acaso nos conocemos? Usted sabe cuál es la debilidad que lo ha derrotado de manera recurrente, trabaje en ella y busque ayuda. Pues bien, amigos: En esas condiciones nuestro Dios nos puede librar del maligno. ¡Claro que puede!




