Si es bueno tratar a Dios como papá, mejor es entender que no somos hijos únicos. El Padre es “nuestro”. Eso habla de relaciones colaterales
La tradición cristiana denominó Padrenuestro al modelo enseñado por Jesús, que, más que para repetirlo, es como una escalera para orar. Es necesario hacer un resumen pedagógico que nos permita apreciar panorámicamente toda la plenitud de esa hermosa enseñanza que salió del mismo corazón del Hijo de Dios.
Llamar “Padre” a Dios en una oración era una innovación inconcebible, por irreverente, para el pensamiento judío. Es precisamente Jesús quien incorpora esta posibilidad al colocar la esencia por encima de las formas culturales cuando se ora. El nazareno va más allá y propone una palabra aramea muy familiar, “abba”, para restaurar la confianza sin lastimar la reverencia, que se traduce en una revelación que descubre el corazón de Dios. Él es nuestro papá.
Si es bueno tratar a Dios como papá, mejor es entender que no somos hijos únicos. El Padre es “nuestro”. Eso habla de relaciones colaterales; justamente donde los humanos tenemos serios conflictos. Desde el punto de vista de la oración, Dios es el Padre de todos y en consecuencia, somos hermanos. Necesario es resolver nuestros conflictos para ser aceptos ante nuestro Padre común.
Dios está en los cielos. Él está “en” su creación. Toda la maravilla de la naturaleza que nos rodea y nos bendice porque hace posible nuestra vida física forma parte de ese cielo donde Él está. Sin Él no podríamos ni respirar. ¿No es hermoso?




