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«Una hinchazón», Harold y Mileidy Paredes

Los soberbios que hemos conocidos y los que hay por toda la tierra olvidan que Dios es Dios

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“Les amonestaste a que se volviesen a tu ley; mas ellos se llenaron de soberbia, y no oyeron tus mandamientos, sino que pecaron contra tus juicios, los cuales si el hombre hiciere, en ellos vivirá; se rebelaron, endurecieron su cerviz, y no escucharon” (Nehemías 9:29. RVR60).
Según el Diccionario de Oxford Language, la soberbia es un “sentimiento de superioridad frente a los demás que provoca un trato distante o despreciativo hacia ellos”. “Rabia o enfado que muestra una persona de manera exagerada ante una contrariedad”. En griego, “huperéphania” (Strong #5243); esta palabra denota soberbia, altivez, desdén. El soberbio no tiene sensibilidad ni es empático.
Nos impactó esta definición de San Agustín: “La soberbia no es grandeza, sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande, pero no está sano”. Albert Einstein dejó para la posteridad esta definición de soberbia: “El que se erige en juez de la verdad y el conocimiento es desalentado por las carcajadas de los dioses”.
En otras palabras, los soberbios que hemos conocidos y los que hay por toda la tierra olvidan que Dios es Dios, nadie puede estar por encima de quien es Creador, tampoco, estos podrán estar arriba de quienes son realmente humildes de corazón.
Es oportuno citar los siguientes versículos:
El temor de Jehová es aborrecer el mal; la soberbia y la arrogancia, el mal camino, y la boca perversa, aborrezco” (Proverbios 8:13).
“Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra; Mas con los humildes está la sabiduría” (Proverbios 11:2).
“Amad a Jehová, todos vosotros sus santos; a los fieles guarda Jehová, y paga abundantemente al que procede con soberbia” (Salmo 31:23).

El periodista y filósofo Miguel Wiñazki dijo que “la soberbia se ve nítidamente representada en los mitos de Ícaro y Prometeo. En el primer caso, Dédalo, padre de Ícaro, fabrica unas alas de seda para que su hijo pueda volar, aunque le advierte que se mantenga alejado del sol. Encandilado por la luminosidad del astro, Ícaro se aproxima demasiado al calor solar, sus alas se derriten y cae desde el firmamento. La enseñanza yace en el ascenso previo a la caída” (Vía internet). ¿Alguien va en descenso precipitado?
La Biblia nos afirma:
“Mi cuerpo se estremece por el temor que me inspiras; siento reverencia por tus leyes… Garantiza el bienestar de tu siervo; que no me opriman los insolentes” (Salmo 119:120,122. NVI).
El soberbio es un ser insolente, este considera que es un extraordinario ornamento lo que lleva dentro, ignora esta “majestad” que hiede y vive pútrido por sus acciones y por esos pensamientos que no duermen. Gaón es un sustantivo masculino en hebreo que denota soberbia, orgullo, altivez, hinchazón, arrogancia, etc.; quizás, por esta palabra, San Agustín afirmó: “La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande pero no está sano”.
¿Dónde queda la reverencia a Dios? No existe, el rey David nos enseña su corazón cuando expresa: “Mi cuerpo se estremece por el temor que me inspiras; siento reverencia por tus leyes”. Los soberbios quieren ser adorados, no encontraremos en su corazón un reconocimiento a otra persona; y cuando llegan a demostrar afecto lo que observas es hipocresía, saben actuar para quedar bien ante los demás; sobre todo a los ojos de aquellos que mantiene oprimidos.
La modestia no existe en el universo de los soberbios. Podemos escuchar esas frases poco, o mejor dicho nada humildes: “Yo en mi humildad digo…”. Ja, ja, ja. “Yo soy más humilde que”. La ridiculez más grande de un soberbio es cuando llora, finge que ama a otros para convertirlos en seres inútiles por haberles transmitido el muermo que lleva en su interior.
¿Qué es la humildad para el altivo? No significa nada, nos acordamos de un caso viajando por Europa. Esperando que despegara el avión que nos llevaría a Alicante, un hombre nos vio leyendo la Biblia, y al instante dijo: “Ustedes todavía creen en eso”; le respondimos sí. Aprovechamos para darle las Buenas Nuevas de Cristo; pero no quiso seguir a nuestro lado, solicitó al sobrecargo que lo cambiará de asiento. No supimos más de él.
Vale destacar lo que dijo el Proverbista: “Recompensa de la humildad y del temor del SEÑOR son las riquezas, la honra y la vida. Espinas y trampas hay en la senda de los malvados, pero el que cuida su vida se aleja de ellas” (Proverbios 22:4-5. NVI). El soberbio siempre tiene un tiempo de gracia, de misericordia; por ello, vemos que ganan sin parar; sin embargo, estos malvados no tendrán un final feliz; mas el humilde siempre saldrá de todo sufrimiento. Normalmente, las hinchazones huelen mal por el pus que se reproduce dentro de ellas. En cambio; la humildad, esa virtud humana y no diabólica, porta un perfume que no se pierde jamás, y llega hasta el tercer cielo donde está PAPÁ.
Nacimos para ser buenos, y para hacer lo bueno.

Harold y Mileidy Paredes
Pastores
haroldwjparedes@gmail.com

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