En esta estación por venir hasta nuestros enemigos temerán, porque Dios llamó a la conquista de lo que ya nos entregó; Él va adelante haciendo maravillas
Como Dios lo hizo con Israel, tanto en nuestra vida como en la de nuestro país y la Iglesia mundial Él nos pasa de una estación a otra. Las estaciones por lo general son tiempos proféticos por los que el Señor nos hace pasar a medida que avanzamos en nuestra madurez y crecimiento espiritual. Hoy, cuando nuestra nación está sumida en una profunda crisis, precisamente es cuando Dios nos está pasando a una nueva estación profética: la de la conquista.
La Palabra de Dios reseña: «Aconteció después de la muerte de Moisés, siervo del Señor, que el Señor habló a Josué hijo de Nun, ayudante de Moisés, diciendo:
—Mi siervo Moisés ha muerto. Ahora, levántate, pasa el Jordán tú con todo este pueblo a la tierra que yo doy a los hijos de Israel. Yo les he dado, como lo había prometido a Moisés, todo lugar que pise la planta de su pie» (Josué 1:1-3).
Israel venía de pasar 40 años dando vueltas en el desierto por causa de su pecado de rebeldía, falta de fe e idolatría; desde entonces las pruebas, adversidades, disciplina divina y crisis están relacionadas con el desierto. Se dice cuando alguien está viviendo fuertes situaciones adversas: «está pasando por el desierto»; pero todo desierto es temporal, Dios lo permite para tratar con nosotros y transformar nuestra manera de pensar y actuar para hacerla semejante a nuestro modelo y Maestro por excelencia: Jesucristo.
El mismo Cristo, una vez Juan le bautizó, «fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo» (Mateo 4:1). El mismo Espíritu de Dios le guio al desierto de la prueba, donde muere lo natural y carnal en nosotros, y una vez atravesado subimos un escalón en nuestro caminar espiritual, adquirimos mayor madurez y vencemos al diablo.
Eso es exactamente lo que aconteció con Israel una vez muerto su libertador y guía, Moisés. Ahora le tocaba a su sucesor, Josué, conducir a la nación al otro lado del Jordán que partía la historia del pueblo de Dios en un antes y un después de la prueba del desierto, rumbo a la conquista del territorio entregado por Dios a ellos como herederos de su padre Abraham.
Salvando las distancias, lo mismo está a punto de sucederle a Venezuela y los venezolanos, tanto dentro como fuera del país. Nuestra nación está llegando al fin de su desierto, justamente a la orilla del río Jordán que partirá nuestra actual crisis en un antes y un después de ella.
La muerte de Moisés significó el fin de una estación cuyas características fueron:
- El paso por el desierto.
- Dependencia total de Dios para subsistir, sin capacidad para producir.
- Recibían agua, maná y codornices sobrenaturalmente.
- Una nube los cubría de día y una columna de fuego de noche.
- Caminaban como nómadas por el desierto .
- Salieron de Egipto (el mundo de pecado), pero seguían con mente de esclavos.
- Tuvieron la ley, pero eran rebeldes y desobedientes a Dios.
El paso del Jordán es el inicio a la siguiente estación. Luego del trato de Dios llegó el momento de cruzar el Jordán hacia la conquista (Josué 1:3-4). Salir del desierto a la tierra de la siembra y la cosecha (tiempo de sembrarnos en los demás, en el servicio a Dios y la reconstrucción de nuestra Venezuela). Dios nos dio la tierra, pero tenemos que conquistarla (arrebatársela al enemigo vencido y hacer de ella lo que el Señor profetizó de nuestra ‘tierra de gracia’).
La que está a punto de comenzar será la estación de los obedientes al Señor. Como aquellos dos espías regresaron de Jericó con un buen reporte (Josué 2:8-11, 23-24), así los verdaderos profetas de Dios nos han anunciado el porvenir glorioso de la Nueva Venezuela.
En esta estación por venir hasta nuestros enemigos temerán, porque Dios llamó a la conquista de lo que ya nos entregó; Él va adelante haciendo maravillas. Hay que reconocer el territorio a conquistar (vss. 3:1-4). Es tiempo de consagración (vss. 3:5-12). Tiempo de ver maravillas y milagros (vss. 3:13-17).
Es hora de establecer altares al Señor en todo lugar (vss. 4:19-22; 5:1), lo cual destruirá los altares que levantaron a los demonios para tratar de frenar lo imparable: el nacimiento de la nueva patria y el desalojo de todos los demonios y sus siervos que usurpan los lugares que el Señor ya le entregó a su Iglesia.
Llegó el tiempo de pactar con Dios para entregarnos totalmente y ser obedientes sin cuestionar ni murmurar (vss. 5:2,6-8). Comeremos el fruto de nuestro trabajo y servicio (vss. 5:10-12), lo cual hará que cese tu dependencia de las dádivas y cosecharás de lo que siembres, porque la estación de la esclavitud y del desierto terminó; comerás de lo que siembres en la tierra de tu conquista, la Canaán (Venezuela) que Dios nos entregó, pero que hoy usurpa el diablo y sus serviles.
La gran pregunta es: ¿cuántos dejarán hoy la estación del desierto para pasar a la estación de la conquista? Se requiere fe, porque el panorama actual pinta contrario a lo que Dios ya profetizó a Josué (el liderazgo cristiano conquistador), pero ya llegamos a la ribera oriental del Jordán y pronto el Señor separará sus aguas para que pasemos en seco rumbo a la definitiva conquista y reconstrucción de Venezuela junto con sus hijos que como ríos humanos regresarán a su tierra para reconstruirla conforme al modelo dado por Dios desde la eternidad.
Georges Doumat B.




