lunes, junio 8, 2026
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Venezuela transita el desierto por la confianza en políticos

Al poner la confianza en Dios, la esperanza deja de ser una causa incierta sobre un político y se convierte en una certeza basada en el carácter inmutable del Señor

El sentimiento de agotamiento y la fe puesta en figuras políticas ha hecho mella en la esperanza de los venezolanos para salir de esta grave crisis, lo cual contrasta con el alejamiento de Dios: a mayor confianza en los líderes mayor alejamiento del Señor; dando como resultado una creciente frustración.
Para muchos venezolanos, la larga lista de nombres de políticos, sumados ahora a los nombres de María Corina Machado y Donald Trump representaron, durante años, una falsa tabla de salvación en medio de una crisis sin precedentes. Se depositaron esperanzas en estrategias de presión, reconocimientos internacionales y promesas de un cambio inminente. Sin embargo, al observar el calendario y ver que las estructuras fundamentales del país permanecen intactas, surge una profunda desesperanza que nace de haber puesto la fe en soluciones humanas.
La Biblia no es ajena a este sentimiento de desilusión cuando el hombre confía su destino a otros hombres.

LA FRAGILIDAD DE LOS “SALVADORES” TERRENALES

El salmista advierte con claridad sobre el riesgo de esperar que líderes políticos resuelvan las angustias del alma y de la nación: «No confíen en príncipes ni en hijo de hombre porque no hay en él liberación» (Salmo 146:3).
A pesar de la retórica y la influencia global, los líderes están sujetos a sus propias limitaciones y agendas. Cuando los venezolanos vemos que, tras reuniones y discursos, la realidad diaria de carestía y falta de libertad no cambia, se experimenta el cumplimiento de una advertencia profética: «Así ha dicho el Señor: “Maldito el hombre que confía en el hombre, que se apoya en lo humano y cuyo corazón se aparta del Señor» (Jeremías 17:5).

UNA “ESPERANZA” QUE ENFERMA EL CORAZÓN

La desesperanza en Venezuela no es sólo la ausencia de cambio, sino el cansancio de esperar una promesa que se pospone una y otra vez. Ese «ya casi», que nunca llega genera una fatiga espiritual que la Biblia describe perfectamente: «La esperanza que se demora es tormento del corazón, pero el deseo cumplido es árbol de vida» (Proverbios 13:12).
Cuando las figuras políticas en las que la mayoría creían parecen alejarse de la realidad del ciudadano común o sus promesas se desvanecen en el tiempo, el corazón del pueblo es atormentado. Se siente la orfandad de quien ha buscado refugio en una sombra que se mueve con el sol y no en el Dios Todopoderoso que ama a Venezuela, pero desaprueba su pecado y falta de arrepentimiento.

UNA INVITACIÓN A REDIRIGIR LA MIRADA

No buscamos juzgar la intención de los líderes ni la necesidad legítima de libertad del pueblo, sino recordar que la verdadera paz y el cambio sustancial no pueden depender jamás de la arena política. Mientras las figuras pasan y las alianzas cambian, las Sagradas Escrituras ofrecen un ancla diferente: «Mejor es refugiarse en el Señor que confiar en el hombre. Mejor es refugiarse en el Señor que confiar en los poderosos» (Salmo 118:8-9).
La crisis de desesperanza actual en Venezuela es, en última instancia, una invitación a reconsiderar dónde se ha puesto el fundamento de la fe. Si el cambio no llega por la mano de los poderosos de la tierra, la mirada debe elevarse hacia aquello que es inmutable, al Dios que todo lo puede y para quien no hay nada imposible.
Tras el agotamiento que genera la política, la Biblia ofrece un camino que no depende de estrategias humanas, sino de una intervención divina basada en la fe y el arrepentimiento, tal como lo escribimos en nuestro artículo anterior.

EL FUNDAMENTO DE NUESTRA ESPERANZA DEBE SER SÓLO JESUCRISTO

Cuando las estructuras del mundo fallan y los líderes no logran cumplir sus promesas, queda al descubierto la única roca que no se conmueve, Jesucristo. Para Venezuela, la esperanza no reside en un nuevo rostro político, sino en una transformación espiritual que descienda desde lo alto. Aquella de la que Dios viene hablando a través de sus profetas los últimos 40 años.

1. El reconocimiento de la soberanía divina
La primera solución es entender que el destino de las naciones está bajo el control de Dios. Los hombres proponen, pero Dios es quien dispone el tiempo de las naciones. Al dejar de mirar a los «líderes» de la política y mirar al Creador, el peso de la desesperanza se aligera hasta desaparecer.
Nunca debemos olvidar que «Él cambia los tiempos y las ocasiones; quita reyes y pone reyes. Da sabiduría a los sabios y conocimiento a los entendidos» (Daniel 2:21).

2. La promesa de restauración nacional y el nacimiento de la Nueva Venezuela
La Biblia ofrece recomendaciones específicas para las naciones en crisis. No es un plan de gobierno, sino una actitud del corazón del pueblo. Dios promete sanar la tierra si hay un retorno genuino hacia Él, y en el caso de Venezuela, tras los dolores de parto, vendrá la tan anhelada nación: la Nueva Venezuela.
Pero antes, los venezolanos, en especial la Iglesia del Señor, debemos acatar lo que Dios le indicó al rey Salomón cuando llegara la crisis espiritual a Israel: «Si se humilla mi pueblo sobre el cual es invocado mi nombre, si oran y buscan mi rostro y se vuelven de sus malos caminos, entonces yo oiré desde los cielos, perdonaré sus pecados y sanaré su tierra» (2 Crónicas 7:14).
Esta es la esperanza más sólida: la sanidad de un país comienza con el arrepentimiento y en las rodillas de los creyentes, no en los políticos sin Cristo en su corazón.

3. Fuerza renovada en medio del cansancio
Para el venezolano que se siente derrotado y sin fuerzas para seguir creyendo, Dios nos ofrece una renovación física, emocional y espiritual que ningún político ni líder alguno puede otorgar. Esta promesa es para quienes deciden confiar exclusivamente en Su poder:
«Los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas; levantarán las alas como águilas. Correrán y no se cansarán; caminarán y no se fatigarán» (Isaías 40:31). Es necesario esperar en Dios y sólo en Él si no queremos seguir siendo defraudados por los hombres.
La solución no es la pasividad, sino el cambio de enfoque. Al poner la confianza en Dios, la esperanza deja de ser una causa incierta sobre un político y se convierte en una certeza basada en el carácter inmutable del Señor. La verdadera libertad de Venezuela empezará cuando el pueblo comprenda que, aunque los hombres fallen, Dios permanece fiel.

Georges Doumat B.

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