Vivir un día a la vez, es una lección aprendida, de aquellos que han decidido rendir su voluntad a Dios y alinear su vida al propósito trazado por Él
En los días en que Israel moraba en el desierto, desarrolló la capacidad de vivir un día a la vez.
Ante las circunstancias adversas y la escasez de recursos, propias del hábitat del desierto, la nación hebrea fue preservada providencialmente, experimentando el auxilio divino cada día de los 40 años de su travesía.
Tal como registran las Escrituras, cada mañana la provisión de Dios era suministrada a cada familia hebrea, la cual debía salir y recoger la porción que requería para su sustento diario.
40 años fue el período mediante el cual la nación aprendió el principio de la dependencia de Dios y desarrolló una fe natural de confiar en la protección y sustento sobrenatural del Creador.
Aun cuando no era el propósito de Dios que el pueblo perdiera la capacidad de producir y desarrollar una mentalidad emprendedora, sí era necesario liberar sus mentes del modelo faraónico, que había imprimido en sus mentes la mentalidad de esclavos, lo cual había distorsionado su identidad y afectado su cultura.
En su gran amor, Dios nos guía muchas veces a experimentar su fidelidad, siendo llevados en medio de las circunstancias adversas a quebrantar nuestro orgullo y aprender a depender de Dios.
En el caso de los venezolanos, hemos desarrollado una capacidad sinigual de resistencia y supervivencia, haciéndonos altamente resilientes y capaces de sobreponernos ante las más crudas realidades, formando un carácter paciente ante la adversidad y desarrollando una cultura de fe en la providencia divina.
Venezuela viene a ser una universidad de la fe, el Harvard de la Fe, una nación donde se forjan los más valientes y resistentes ciudadanos, donde se levanta una generación de los Elías y los Josués contemporáneos, de hombres y mujeres que han determinado poner su confianza en el Dios de los cielos y consagrar sus vidas para ser dignos embajadores del reino de Dios en la tierra de gracia, Venezuela.
Hoy vemos levantarse una generación de estos aguerridos valientes, cuyas armas son la palabra y el testimonio, embarazados de la visión de ser instrumentos para la sanidad de la nación, mediante la manifestación de las virtudes de Cristo en sus vidas, levantando el estandarte de la fe y la esperanza, mostrando el amor de Dios con acciones a sus conciudadanos.
Vivir un día a la vez es, en definitiva, un estilo de vida de alta dependencia de Dios, en la cual nos corresponde hacer lo propio y obrar con responsabilidad y diligencia a la asignación personal, mas colocando en manos de Dios aquello que escapa de nuestra injerencia.
Vivir un día a la vez, es una lección aprendida, de aquellos que han decidido rendir su voluntad a Dios y alinear su vida al propósito trazado por Él, aprendiendo a disfrutar del favor de Dios, desarrollando un carácter firme y espíritu agradecido en todo tiempo.
Diego Ortiz
Pastor y comunicador
@ps.diegoortiz



