Señor, perdóname porque a veces me olvido de que yo vivo en tu mundo. Sin tu aire no tendría oxígeno; sin tu sol no sería posible la vida, sin la noche no habría descanso
Padre nuestro que estás en los cielos… Somos muy dados a magnificar la presencia “espiritual” de Dios, pero nos olvidamos que vivimos en un mundo físico prestado por Él a través de un cordón umbilical de oxígeno y de luz solar sin los cuales sería imposible vivir. ¿Sabíamos que esta creación es también parte del “cielo”? Tenemos que pedirle perdón al Señor porque la mayoría de nosotros estamos tan preocupados por nuestros propios asuntos materiales como para detenernos un poco y percibir la mano de Dios que nos toca realmente a través de su creación. Si Dios ciertamente nos puede visitar con su presencia y satisfacer las demandas más sublimes de nuestro espíritu; no menos cierto es que lo podemos “tocar” a través de la maravillosa expresión de sus bendiciones manifestadas en un universo de favores que percibimos cada día con nuestros sentidos físicos.
Señor, perdóname porque a veces me olvido de que yo vivo en tu mundo. Sin tu aire no tendría oxígeno; sin tu sol no sería posible la vida, sin la noche no habría descanso. Gracias porque cuando veo a los niños correr y cuando sus ojos me miran, me acuerdo de la inocencia del hombre en el Edén. Gracias por el canto de los pájaros, gracias por los hijos que nos diste. Gracias por entender lo que significa que tú estás presente en este cielo que puedo ver con los ojos que tú también, me diste. Amén.




